Calle 14

Rojo y azul

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  • 04 agosto 2008
  • Retroclásica

  • Para dar fe de que no todo se emulea, en casa habitan unos cuantos centenares de deuvedés originales. No, si lo del divequis es, cómo diría yo, más que nada por aprovechar espacio. Aquí mis últimas adquisiciones: el montaje original en teatro de SWEENEY TODD (Stephen Sondheim, oh, venerado dios de Broadway), y un concierto de HARRY CONNICK JR. con su big band en Nueva York en 1992. Nada que ver uno con otro, si han venido conmigo en la misma bolsa, era porque el precio los hacía merecedores de la compra.

    ROJO

    Hay gente a la que no le ha gustado la versión que Tim Burton ha hecho de Sweeney Todd para el cine porque hay demasiada sangre; yo más bien diría que porque los musicales de Sondheim no son para ver comiendo palomitas precisamente: la música es compleja, las letras muy profundas y las tramas, como en este caso, no tienen nada de superficial ni gratuito. Sí, pienso que Tim Burton se ha excedido tanto en la sangre como se ha quedado corto con el papel femenino. Además, carece del humor negro del montaje original y, claro está, Mrs. Burton o Helena Bonham-Carter no es Angela Lansbury, la señora Lovett.

    Estrenada en Broadway (Uris Theatre, marzo 1979), originalmente el papel del protagonista estaba interpretado por Len Cariou; esta producción para TV se rodó durante la gira americana de 1982, que mantiene a Lansbury e incorpora a George Hearn como barbero. Se ha repuesto en Londres y Broadway en múltiples ocasiones, a destacar la Mrs. Lovett de Patti Lupone, y se han hecho versiones en otros idiomas en todo el mundo. En 1995 Mario Gas dirigió una versión interpretada por Constanino Romero y Vicky Peña, primero estrenada en catalán y más tarde en castellano. Parece ser que Sondheim ha dicho que ése era el mejor Sweeney Todd. Interesante: la voz de Clint Eastwood y de Darth Vader.

    Si hay algo que reivindicar de todo esto es el papel de Lansbury: es una pena que se la recuerde sólo como la irritantemente perspicaz Señora Fletcher a la que ningún crimen se le resiste, quizá conocedora de los trucos aprendidos en sus días como pastelera de la calle Fleet.


    Angela Lansbury lo ha sido todo en el mundo del espectáculo. También tuvo papeles interesantes en el cine, como Gaslight, o muchos la recordamos en Bedknobs and broomsticks (La bruja novata). Entre sus memorables trabajos en el teatro destaca Mame, de Jerry Herman, especialista en entretenimientos de alta calidad, como Hello, Dolly! Algo similar ocurre con Bea Arthur, a quien por estos lares se le recuerda más como la Dorothy de Las chicas de oro, siendo prácticamente desconocida su brillante trayectoria en el teatro; por cierto, hace sólo unas semanas fallecía la mordaz Sofía Petrillo, es decir, Estelle Getty.

    AZUL


    Este hombre lleva unos veinte años residiendo en mis estanterías. Fue la banda sonora de When Harry Met Sally la que me conquistó, no sólo sus ojos azules, su destreza al piano y su voz al más puro estilo Sinatra. En España se ha dejado escuchar en algún concierto, yo cruzo los dedos para que una futura edición del Jazzaldia nos lo traiga al Kursaal. Pianista precoz, con once años se codeaba con las mejores bandas de New Orleans, y comenzó su carrera en los clubes de Nueva York. Ha coqueteado con el pop, pero donde mejor se mueve es en el terreno de las big band. Ah, repitamos su nombre... Se llama Harry Connick Jr.

    Algunas estrellas brillan, yo sudo

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  • 31 julio 2008
  • Retroclásica

  • Ya lo dije: no hay nada mejor que no esperar NADA de un concierto. Sobre todo cuando lo que se va a presenciar sobre el escenario es brillante, irrepetible. Cuando una piensa en las estrellas de Hollywood las imagina como algo lejano e inalcanzable, más cuando sostienen el estatus de diva (o divo) y ejercen como tales. Además, hay figuras que llevan varias estelas tras de sí; Liza es una de ellas: su bagaje es variado y su recorrido largo. Por suerte, el domingo 27 tuvimos la ocasión de comprobar que ha sabido administrar bien su herencia, que está ahí para transmitirla y que, a pesar de los rumores, recaídas, cicatrices y leyendas, es una profesional del escenario, una actriz de los pies a la cabeza, y sus dotes como cantante y show-woman no se han perdido.

    Lo cuentan los periódicos: nos dejó a los habitantes del Kursaal anonadados, emocionados, embriagados. Podría seguir empalagando este texto con epítetos. Liza dio cuenta de toda la profesionalidad acumulada en sus rodillas y su cadera, a saber lo que le estaba haciendo sufrir el dolor de moverse. Si en la primera parte del concierto hizo uso de la silla para transmitirnos su repertorio más intimista (soy lo suficientemente inteligente como para no esperar al segundo acto para sentarme, dijo), en la segunda parte no paró de bailar, de comunicar, de contagiarnos la energía con que le alimentó Kay Thompson en los momentos en que Liza más lo necesitaba.



    Kay Thompson merece una mención aparte. Ella y nada menos que Ira Gershwin (el hermano de George Gershwin) fueron los padrinos de la hija de Vincente Minnelli y Judy Garland (ya sé que me repito, pero creo necesario que estos nombres ilustres no se olviden entre la gente que nunca ha visto cine clásico, que por desgracia empieza a ser muy numerosa). Para quienes no sepan quién fue Kay Thompson, no tengo más que hacer una recomendación: ver la siempre agradable Funny Face (Una cara con ángel, de Stanley Donen, 1957), donde la dama es capaz de eclipsar a los mismísimos Fred Astaire y Audrey Hepburn. Todo lo demás puede encontrarse en Internet: autora de libros infantiles (Eloise), compositora, arreglista, cantante, maestra de cantantes, actriz, empresaria...


    Lo bonito fue el acto de reconocimiento que hizo Liza en la segunda parte de su espectáculo: un homenaje a Kay, quien en cierto modo se hizo cargo de Liza cuando su madre desapareció. Como contaba entre canción y canción, Kay era un auténtico torbellino, una persona vital, enérgica, fuerte. Es quien más hizo por infundir lo que Liza denominó self-confidence (confianza en sí misma). Como relató, la última imagen que tiene de ella es Kay, desde un balcón, diciéndole, "Liza, happy EVERYTHING!".

    Uno de los números interpretados en esta parte del concierto era la canción (compuesta por Thompson y Gershwin) titulada LIZA, de la cual Vincente tomó el nombre para su hija. Parte de ese homenaje estaba aderezado con cuantro cantantes-bailarines que emulaban a los Williams Brothers, de los que formaba parte el cantante Andy Williams.


    Finalmente, Liza nos obsequió con New York, New York y antes de bajar el telón, exhausta, nos regaló un tema a capella, I'll be seeing you. Lo dejó todo sobre el escenario, en el que brilló, aunque nos llegó a confesar: Some stars glitter, I SWEAT!


    Veamos a Kay Thompson en el número de Funny Face "Think Pink", antes de que ése fuera el título de un corto de La Pantera Rosa...

    Liza with a K

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  • 27 julio 2008
  • Retroclásica


  • Tras la experiencia de escuchar a Dianne Reeves en la sala de cámara del Kursaal y sólo minutos más tarde a Diana Krall en el auditorio, llega el plato fuerte, la clausura. Liza, con Z, con todo su bagaje de estrella, de hija de estrellas, y con todo lo de leyenda negra que le ha ido acompañando. Como ocurrió con el concierto de Barbra hace un año, es mejor no hacerse ilusiones, no esperar nada, dejarse llevar y emocionarse, de esa manera el concierto al que asistes termina siendo inolvidable. (Foto: http://www.officiallizaminnelli.com/index.html)

    La diferencia es que Barbra ha llegado hasta hoy en forma, ha sido retratada más por sus romances, excentricidades y activismo político que por otra cosa, y es que no parece ser de las que hayan ahogado sus penas en el alcohol precisamente. Pero Liza siempre ha arrastrado el talento y también el destino trágico de su madre. Ser hija de Vincente Minnelli y Judy Garland ha sido un privilegio indiscutible, y conociendo su trayectoria y la de su madre no dejamos de ver que cada día se parece más a la pequeña Frances Ethel Gumm.

    Esta mañana he dado un largo paseo por la ciudad escuchando en el iPod Judy Garland and Liza Minnelli Live at the London Palladium (1964), que con Judy at Carnegie Hall (1961) son dos de mis álbumes favoritos. En ese mano a mano con su madre, Liza tiene apenas 18 años y promete. De hecho, triúnfa en Broadway (Flora, the red menace) y no tarda en irrumpir en el cine con esa delicia de película, The Sterile Cuckoo (1969), tan difícil de conseguir si no es gracias a la generosidad de las redes p2p. Y llega a la cumbre de la mano de Bob Fosse (qué grande) que le regala el papel de Sally Bowles en Cabaret (1972).


    En adelante, New York, New York de Scorsese y el especial para TV Liza With a Z, así como su intervención en Arthur y Stepping Out serán lo más reseñable de su carrera, que terminará centrándose más en los espectáculos en directo (giras con Sinatra y Dean Martin). A finales de los 80 los Pet Shop Boys la relanzan a las listas de éxitos: producen el álbum Results, del que hay que destacar un tema de Sondheim (¡de rodillas!), Losing My Mind, extraído de su musical Follies.



    (Como es de esperar, a mí me sobran los Pet, los Shop y los Boys... y prefiero otras versiones, como la de Tim Curry o ésta de Miss Peggy Lee)



    Esta tarde, a las ocho y media, Liza en el Kursaal.

    Tinnitus

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  • 24 julio 2008
  • Retroclásica
  • Desde hace unas semanas un molesto zumbido ha encontrado acomodo en mis oídos. El otorrino dice que no ocurre nada, es más, que tengo un oído perfecto que ya quisiera para él. El caso es que esta perfección empieza a ser más que molesta, porque no sólo hay que aguantar en el silencio de la noche este extraño sonido similar al que emite un televisor, sino porque parece que viene acompañado de cierta hipersensibilidad.

    Claro que, viéndolo de otro modo, mis abuelos maternos murieron sordos; recuerdo cómo en sus últimos años mi abuela sufrió muchísimo por culpa de ese aislamiento implacable al que se veía sometida. No se entretenía ni con películas mudas, en las que podía disfrutar simplemente de la narración visual: El maquinista de la General, los cortos de Chaplin... Nada le interesaba. Ni siquiera algo que le gustaba tanto como los toros. Se centraba en su afición, el ganchillo, con el que supongo que llevar la cuenta de los puntos le permitía escucharse a sí misma en su imaginación, y si alguien le preguntaba dónde vas, decía manzanas traigo. Ella hubiera preferido mil veces tener este zumbido.

    Hay días que parece que han subido el volumen de todo. La gente habla muy alto, la radio tiene más interferencias, el tráfico parece multiplicarse y los niños de la plazoleta gritan sin parar.

    Si hay algo a lo que me he vuelto más sensible si cabe es a escuchar cosas aparentemente inofensivas. Hoy, en la radio, entrevistaban al director del Reina Sofía acerca de la limpieza y estado del Gernika. Se puede leer en El País: "Cuando todo el estudio haya concluido lo moveré". Sí, lo moverá él solito, supongo, porque lo hará en contra de la opinión de quienes dicen que es mejor dejarlo donde está. Esta persona desconoce las virtudes de utilizar el plural de modestia, que no el mayestático. Y eso dice mucho de quien que está al frente de un proyecto en el que toman parte muchas personas: las que han apeado con sumo cuidado el mural de Picasso, las que lo han rastreado y analizado y radiografiado; las que con mucho mimo y milímetro a milímetro le han quitado el polvo; las que han buscado una iluminación más apropiada para su óptima contemplación, evitando que se deteriore; y las que lo han aupado de nuevo a la pared en la que habita. Este hombre, ninguneando a su equipo, ha echado mano de la primera persona del singular en casi todos sus verbos, colocándose descaradamente una medalla, como diciendo "descolgué el cuadro, lo limpié, lo analicé, hice un informe y lo volví a colgar".

    Ésta y otras perlas que me veo obligada a escuchar, creo que han provocado el tinnitus. Pero estoy en tratamiento: dentro de un rato Monty me lleva a un concierto de Dianne Reeves y después a otro de Diana Krall.

    ¡Fñac!

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  • 11 julio 2008
  • Retroclásica
  • Me encanta la idea de pasar diez días viendo películas de Mario Monicelli. Eso será en septiembre, con el festival. Paso por alto el asunto del cartel de la próxima edición, no sé si me convence la idea de ver mi ciudad poblada de esa especie de dadaísmo rosa en las próximas semanas.

    Monicelli es un joven nonagenario en plena forma, eso me cuenta la gente del festival que ha decidido homenajear, una vez más, a la comedia italiana. Hace ya diez años que el género del realismo cómico del país de la lasagna recibió su merecida revisión en Donostia; vimos las obras grandes de Risi, Scola, Comencini, De Sica,... Redescubrí al gran Totò y me topé con películas de las que nunca se olvidan, pero especialmente dos: Il sorpasso y C'eravamo tanto amati. Fueron dos ediciones que hicieron un barrido de la comedia italiana desde los años cuarenta hasta la década de los setenta. Pensé que no volvería a tener la oportunidad de ver otro ciclo igual en las condiciones ideales: una sala de cine a carcajada limpia.

    Creo que sólo nos hemos reído más el año de Lubitsch. Pero esta edición promete, al menos revisando obras como La grande guerra, La mortadella o Amici miei. A lo mejor estoy sugiriendo una burrada, pero en el fondo es pasarlo igual de bien que revisando las películas firmadas por Azcona, Berlanga, Forqué... Qué hay de malo en comparar Atraco a las tres con I soliti ignoti. O a Bienvenido Mr. Marshall con Guardie e Ladri.

    Aguardo impaciente el momento de pasar por moviola para que los chicos de la filmo me cuenten qué se esconde en las latas.

    Y ahora, reportaje de investigación.

    Qué gran invento, el móvil con cámara de fotos. Si no fuera por él, no dispondría de estos valiosísimos documentos gráficos (amén de distintas poses de los vehículos de la guardia municipal donostiarra, aparcados en zonas prohibidas, dando ejemplo de lo que no hay que hacer). Bien, creo que no caben más comentarios, sino observar en qué se ha convertido el negocio del cine clásico: ya no atraen los títulos, ni los nombres de las estrellas o los directores, ni el rugido del león de la Metro o el rataplán de la Fox. Nada de eso. Los árboles, que no dejan ver el bosque; o el bosque, que no deja ver los árboles.

    Sirva mi reportaje gráfico para proponeros el concurso el verano: ejercicio de agudeza visual.
    Espero vuestras respuestas, habrá premio para quien demuestre estar más enfermo de cinefilia.

    Tal como éramos

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  • 27 mayo 2008
  • Retroclásica
  • Odio que esto se esté pareciendo a un obituario. Pero yo adoraba a este director y no puedo dejar de mencionarlo. Pues sí, se nos ha ido Sidney Pollack, un cineasta del cual he podido leer muchas críticas que le tachaban de mediocre, y que sólo ahora que se ha muerto recibe elogios. Para mí era un director clásico, con un sentido impecable de la narrativa. Creo que muy pocos creadores son capaces de engancharte a una historia para desembocar en un final emocionante, sentido, que no te deja impasible en la butaca.


    En casi todas sus películas las últimas secuencias tienen algo especial. Como el fugaz reencuentro de Katie Morosky y Hubbell Gardiner frente al hotel Plaza, en The way we were, una de esas escenas de plano-contraplano en que más que el diálogo lo que importaba era el gesto, la mirada, lo que se comunicaba en un aire electrizado por un instante.


    Otro hito, hacernos sentir el agotamiento de Jane Fonda y Michael Sarrazin en They shoot horses, don't they?, impactante título aquí traducido (por decir algo) como "Danzad, danzad, malditos". Una historia de las que te hacen salir del cine exhausta...
    Hay muchos títulos que no tienen desperdicio y que hace tiempo que no parecen interesar a las televisiones. "This property is condemned", con Natalie Wood, por ejemplo. O "The three days of the Condor", o "Jeremiah Johnson"; o "Absence of malice", recuperando a Paul Newman en uno de los papeles más interesantes que ha podido interpretar. Parece que todo el mundo apunta a un título (estupendo, por otro lado), como la obra cumbre de Pollack: "Out of Africa". Es verdad que es un placer visual y que la banda sonora ayuda, y que la secuencia en que Redford lava el pelo a Streep es tan sencilla como sensual. Pero yo, "Tal como éramos" aparte, me quedo con "Tootsie".



    Tootsie tiene una de las resoluciones más divertidas que recuerdo. Pena de youtube, que todavía nadie ha colocado la secuencia en la que Dorothy Michaels tiene una cita con su representante (Sidney Pollack) en el salón de té ruso de Nueva York...

    Y, además, el periódico

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  • 13 abril 2008
  • Retroclásica
  • Mi librero tiene la costumbre de tomarse ratos libres, de lo cual está en su pleno derecho, y dejar tras el mostrador de su atestada papelería a su suegra. Y esa costumbre, no sé por qué, coincide en el tiempo con los sábados y domingos por la mañana, precisamente en los momentos en que me puedo permitir acercarme a la librería de mi barrio y, esquivando expositores, revistas, regalos, grandes cartones y accesorios de escritura varios, acercarme a por mi ejemplar de El País.

    Lo que no sé es si mi librero se ha dado cuenta de cuán devastador para su economía resulta tomarse esos momentos de descanso. No hay día que su suegra sume o reste mal la cuenta de lo que te lleves. Para ella, dos periódicos por 2,20 son 4,20. Un día, otro, otro más, le dices que se equivoca haciendo gala de tu honestidad. Pero cuando semana tras semana al llegar a casa te das cuenta de que entre todo lo que le has comprado, la suegrísima se ha olvidado de incluir la película de promoción, el libro a cambio del cupón más 0,50 o el suplemento semanal, empiezas a pensar en que hora es de compensar todas esas pérdidas y callarse cada vez que las sumas y las restas sean siempre a nuestro favor.

    Llevo dos días queriendo pedir el DVD que Público distribuye los viernes, pero como me sé la respuesta y que si la mujer se pone a buscarlo, va a provocar una retención de clientes en la tienda que empezarán a odiarme por pedir cosas inútiles (como películas de Bergman o libros sobre Monet, esas pequeñeces innecesarias), prefiero dejarlo para mañana y acudir al kiosko del Boulevard donde o tienen o no tienen, pero si hay, encuentran.


    Le diría a mi librero que le sale más barato contratar a alguien que le supla los fines de semana. Entre las pérdidas de caja y las de ventas, no le compensa tener a una suegra sin contrato. Y si yo fuera comerciante de cuberterías, vajillas, forros polares, libros, discos, reproductores de mp3, y ahora incluso mandos a distancia y bicicletas plegables, intentaría denunciar a los editores por intromisión en mi mercado, porque en el momento en que alguien "regala" el último DVD de Serrat y Sabina, no hay un vendedor que coloque un solo ejemplar en una larga temporada. Los editores de prensa se están cargando el pequeño comercio, por si a éste no le fuera suficiente soportar la presión de las grandes superficies. Y nosotros, cuando sucumbimos a la cultura del cuponazo, salimos del kiosko con una tonelada de regalos a precio de saldo, y nos damos cuenta de que la suegra del librero ha olvidado darnos nuestro periódico.

    Surfero Viertel, corazón Kerr

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  • 05 noviembre 2007
  • Retroclásica
  • Inesperada la noticia de la muerte de Peter Viertel. Novelista, guionista, surfero y compañero de la recién desaparecida Deborah Kerr. Echando un vistazo a la imdb parece que este hombre haya pasado como de puntillas por todo. Pero nada más lejos de esa impresión. Su madre, Salka Viertel, actriz, escritora e íntima amiga de Greta Garbo; su padre, Berthold Viertel, también escritor; ambos huyeron de la Alemania nazi hacia la América de las oportunidades y se dedicaron a la producción teatral y cinematográfica. Por la casa de los Viertel pasaron Bertolt Brecht y Thomas Mann, y después de la II Guerra Mundial, se dedicó a la escritura de guiones para cine, para poder mantener su carrera como novelista. Dicen que Hubbell Gardiner, el personaje encarnado por Robert Redford en The Way We Were, está inspirado en la vida de Viertel con su primera esposa.

    Como cinéfila comprendí la importancia de Viertel cuando a principios de los noventa vi la estupenda versión cinematográfica de su novela White Hunter, Black Heart. En ella se recrea la atmósfera del rodaje de la película de John Huston, The African Queen, fascinante historia Bogart-Hepburn que no deja de engancharme una vez al año a la pantalla. No estaría de más revisar alguna de sus novelas que seguramente encontrarán a partir de hoy su oportuna reedición.

    Menos popular es la contribución de Viertel en el inicio de la práctica del surf en la costa vasca, especialmente en Biarritz, a donde el escritor llegó con su tabla en 1957 (en la foto, la tabla del escritor es la de la izquierda, la de la derecha al parecer era de Richard Zanuck). Viertel también se ha dejado ver en San Sebastián, no en vano era parte de ese ritual del norteamericano que seguía los pasos de su amigo Hemingway, entre Madrid, Pamplona, Donostia y Biarritz. De hecho, es suyo el guión de The Sun Also Rises, producida por Darryl F. Zanuck, y que pudimos ver recientemente en Donostia y en el Doré madrileño. Hacía muchos años que el escritor vivía entre Marbella, donde ha fallecido, y un pueblo de Suiza. Sólo hace unas semanas éste expresaba a la prensa el lamento por la pérdida de su gran amiga, su esposa.

    Aprovecho la entrada para cambiar de tercio y hablar de la última de Woody Allen, Cassandra's dream, inspirada nuevamente en Crimen y Castigo (nueva vuelta de tuerca al sentimiento de culpa), de Dostoievski, y con un barco que inevitablemente me lleva a recordar a Delon y Ronet en Plein Soleil. La película no está mal, pero le sobran veinte minutos y provoca que el final no sorprenda, sino casi alivie. La banda sonora de Philip Glass evocaba quizá demasiado a la de The Hours. Pero tampoco está tan mal como avisaban las crónicas desde Venecia. El problema de hacer obras maestras como Match Point es que las siguientes películas, si no la alcanzan, resulten menores o simplemente decepcionantes. Vista sin todos esos prejuicios, la última de Allen es una buena película. Personalmente, sigo admirando la capacidad del neoyorkino para estirar sus leit motivs y hacer con cada uno de ellos media docena de películas diferentes e interesantes.

    I'm still here

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  • 28 octubre 2007
  • Retroclásica
  • Este artículo se lo dedico a mi amigo Eneko, fan sin fin de este blog, que me pregunta cada día que me ve a qué espero para seguir escribiendo. Yo también me lo pregunto.

    Me falta el tiempo, la tranquilidad, las ideas, la imaginación. La verdad es que llevaba un buen ritmo de camino a Dublín, pero quienes me conocen saben que un sustillo familiar durante el inolvidable fin de semana Streisand hizo que me centrara en otras cosas y que perdiera en cierto modo mis ganas de comunicarme.


    Pero estoy aquí, todavía estoy aquí, como dice la canción de Stephen Sondheim (¡de rodillas!).

    Así pues, pasaré volando sobre la parte positiva del concierto; Barbra es de carne y hueso, diva inalcanzable pero humana como todos. Estuve a tres metros de ella, a veinticinco años de fidelidad, a siete minutos de entrevista, a una cena de hacer amigos, a dos horas de éxtasis musical, a un arcoiris de milagro meteorológico.

    (Las fotos del concierto... salieron de mi Olympus, increíble pero cierto, fijaos qué cerca estuve). Os cuento que está fondona pero sexy, de vuelta de todo pero feliz; que ha perdido voz pero tiene más de lo que quisieran otras, que no se sale del guión pero sigue haciendo de sus conciertos algo divertido, que no es una show-woman pero llena el escenario y es capaz de hacer que 20.000 personas caigan rendidas a sus pies. Hice varios amigos, docenas de fotos, decenas de malas fotos, kilómetros por las calles de Dublín y viví con auténtica ansiedad las horas antes del concierto en Castletown House. La organización (señalización, ubicación, control) fue un desastre; un concierto al aire libre en un lugar donde llevaban 30 largos días de lluvia, y a unos cuantos kilómetros a las afueras de la ciudad peor comunicada de Europa.

    No sé si tiene algo que ver; fue ver llegar el helicóptero de Barbra a la prueba de sonido y parar la lluvia; el arco iris nos acompañó durante un buen puñado de canciones. Y no volvió a caer una sola gota hasta que salimos de vuelta a Dublín.

    Han pasado más de tres meses después del concierto; lo recuerdo todo, pero a veces dudo si fue un sueño del que me desperté nada más aterrizar en Donostia.

    Os voy a pegar aquí una divertida parodia de Barbra que hace Joaquín Reyes en La Hora Chanante. Es genial... Monty ha hecho que me aficione a youtubear en busca de los "Testimonios" de Chanante y "Celebrities" de Muchachada Nuí.


    El verano seguía sin dejarse ver por las calles de Donostia; sabíamos que era julio porque sonaba jazz en la Trini. El festival se cerraba con Elvis Costello. Una señora decía "no me extraña que la rubia [Diana Krall] no lo suelte, está en plena forma el tío".

    Aunque oficialmente es otoño, para mí el verano se prolonga con el Festival de Cine. 47 películas de Henry King en el bolsillo, mucha disciplina en el trabajo y en la butaca de la sala 2 del Príncipe, que en estos doce años es como mi primera casa cada mes de septiembre. Buen ciclo, buen cine, quizá el año pasado Lubitsch me dejó más satisfecha, pero este año también he podido descubrir películas estupendas. La versión muda de "Stella Dallas", por ejemplo. Ver a Deborah Kerr en "Beloved Infidel" fue un excelente adiós en cinemascope y tecnicolor a una de mis actrices favoritas. Cruzarme dos veces con Liv Ullman por los pasillos del cine y recibir un "Hi, good to see you" sonriente y educado. Hablar de Henry King con Olga en la radio. Siempre hay algún motivo extra por el que recordar el festival con cariño.

    Vuelta a la mina. Oficina, trabajo acumulado, lecturas atrasadas, más cine. Salí satisfecha después de ver "Un funeral de muerte". Necesitaba una película así con la que llorar de risa. O en casa, revisando la obra de Harold Lloyd. Vamos, que sigo aquí y sin tiempo para el aburrimiento.

    Dublín, víspera y 13

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  • 14 julio 2007
  • Retroclásica
  • Qué viernes trece más largo. Qué tráfico el de Dublín. Casi me ha costado más llegar al hotel desde el aeropuerto que desde Vitoria a Dublín. Y la lluvia. Pero aunque está cubierto de nubes, la luz y los minúsculos claros del cielo prometen. Ojalá mañana haga un día bueno. Vamos, que no llueva y con eso me conformo. Una está acostumbrada a la lluvia, pero mañana es mi día y sería perfecto si saliera el sol.

    Acabo de aterrizar de nuevo en el hotel después de cenar y pasear por las calles más bonitas de Dublín con Charo. Ella lleva aquí poco más de año y medio, y ya se le nota la condición de dublinesa porque sólo se da cuenta de lo turístico de Dublín cuando se lo muestra a sus invitados. Es lo que nos pasa a todos los arraigados a un lugar concreto, que lo vemos como el espacio habitual en el que vivimos, trabajamos, desarrollamos nuestra rutina; pero cuando vienen los amigos de fuera ese espacio cambia, le buscamos la belleza que hay que mostrar al forastero y presumimos de ella.

    Con el cansancio a veces confundía los edificios y las calles de Dublín con las de Boston. El ladrillo rojo de las fachadas, los carteles de las tiendas y las tabernas, las entradas con sus escaleras, los forjados, las verjas… todo me sonaba a algo y ese algo está al otro lado del charco. Por algo se llamará New England, claro.
    Los pubs, los restaurantes son lugares en los que acampar cómodamente. Hay vida. La gente se mueve y alterna. Esto está mucho más vivo que mi ciudad. No sé, hay algo que llena todos los locales, gente muy peripuesta o lugares vestidos para la ocasión. Estoy segura de que en esta ciudad podría sentirme a gusto si no pudiera quedarme en Donostia.


    El hotel es bonito, limpio, cómodo. En el centro de Dublín, junto a St. Stephen’s Green y cerca de The Merrion. Las vistas, pese a ser de una habitación de las más “asequibles”, son muy agradables. Tejados, unos más bonitos que otros, nubes, verde. Puedo escuchar a las gaviotas – mal rollo, porque cuando buscan refugio tierra adentro es porque viene mal tiempo. Y ahora por la noche puedo ver las luces del edificio que hay enfrente, en los ventanales puedo ver que se acumulan cientos de papeles, libros, carpetas, archivadores, era más evidente antes de anochecer, ahora quedan algunas ventanas con luz, quizá alguien esté limpiando las oficinas.

    Aquí no falta de nada, pero la sorpresa más agradable es el equipo de música. Hay una cadena de radio sintonizada que antes de salir a cenar ha emitido música de Haendel y Tchaikovski. Ahora hay un programa de jazz de ésos que invitan a pegarse un baño de espuma, prepararse una copa de algo suave y dejarse caer sobre la cama para descansar. Y mañana, Castletown House, en Cellbridge. No puedo creer que me lo esté tomando con tanta tranquilidad, serán los termalgines con los que he desayunado esta mañana o la migraña que no cesa…

    Ticket to ride

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  • 13 julio 2007
  • Retroclásica

  • Haciendo honor a la canción de los Beatles... Aquí va el papelito tan esperado. No hay tiempo para más escritura, acabo de cerrar la maleta, me muero de sueño.

    IMPUNTUALIDAD BRITÁNICA

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  • 10 julio 2007
  • Retroclásica
  • El viernes me voy a Dublín y todavía no tengo la entrada para el concierto, ese evento tan esperado durante más de veinte años. Estoy cansada de las largas que me dan los de la organización, Mark Butler Associates (Londres), que sí que fueron eficientes y británicamente puntuales para apresurarse a cobrar y enviarme la factura después. Primero prometieron que enviarían la documentación (un pase vip y supongo que la agenda de eventos a los que tengo derecho a asistir) quince días antes de la fecha. Hoy es martes, 10 de julio, el evento es el próximo sábado 14 y yo me estoy comiendo las uñas y acordándome de los familiares del Sr. Butler y sus asociados. Porque todo esto llevaba un plus de envío urgente a través de DHL. Y yo llamando a la empresa de transporte y allí no saben nada.

    Ay, yo pensaba que la espera se me iba a hacer eterna. La espera del concierto. Pero la fecha se me echa encima, tengo avión y hotel, tengo amiga residente en Dublín dispuesta a compartir una Guinness y a patearse la ciudad conmigo (Chariniiiii... allá voy...), tengo la promesa de contar la aventura a mis íntimos cuando vuelva pero me falta eso, lo fundamental, una entrada que me ha costado un ojo de la cara y que no llega, no llega y NO LLEGA.

    Después hay que aguantar que los de las islas se rían de los que vivimos a este lado de los Pirineos. Y es que si en mis tareas cotidianas (y vosotros en las vuestras) incumpliera de semejante manera, hace tiempo que tendría el chiringuito cerrado.

    Estoy cabreada y disgustada, no puedo evitarlo. Eso sí, espero que mi próximo post sea alegre y se nutra de la adrenalina de toda esta aventura, el cabreo y el disgusto se habrán esfumado. Hasta la semana que viene.

    EL RETORNO DEL FESTI

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  • 11 mayo 2007
  • Retroclásica
  • Esta mañana el sol brillaba en Donostia. Hablo en pretérito, porque las nubes y un indicio de galerna se han apoderado de nuestro aire. Hace calor, pero a ratos da la sensación de que la temperatura está bajando. Es el preludio del verano.

    Esta mañana el sol brillaba en Okendo, en ese espacio que separa al Hotel María Cristina del Teatro Victoria Eugenia. Pisábamos el renovado suelo de la plaza sonriendo, mirando a ambos lados, camino del salón Elkano, donde hoy se ha presentado la próxima edición del Festival de Cine de Donostia. Y el sol brillaba especialmente en los rostros de la gente que habita las oficinas del Festival, porque acaban de volver a su hábitat natural, el del Victoria Eugenia, un lugar del que salieron para exiliarse temporalmente en las oficinas que tuvieron en la Calle Usandizaga, mientras la remodelación del añorado teatro se ha ido eternizando de edición en edición. Suerte de elecciones municipales, que siempre dan empujoncitos a los proyectos inacabables.

    Contagiada por el cambio de ubicación y por el aire de retorno, la imagen de esta edición en cierto modo evoca los carteles de principios del siglo XX, como también puede recordar ligeramente a las mujeres de Modigliani; y vuelve a ser colorista, lleno de azules, ocres y verdes luminosos, donde los ojos de una mujer con cierto deje melancólico, proyectan también un aire soñador. Una mirada, el mar, Donostia, el cine...

    Además de la presentación gráfica de la próxima edición (una colección de carteles yo diría que excelentes, creados por Óscar Mariné), poco más nos han adelantado en el encuentro con la prensa. A falta de determinar el ciclo dedicado a un realizador contemporáneo, se ha dado a conocer la retrospectiva temática, “Fiebre helada”, que hará un recorrido por el cine nórdico y sus ramificaciones, entre ellas el Dogma 95. Y, lo que a ésta que escribe más le importa, la retrospectiva clásica; nada menos que HENRY KING, autor de una extensa filmografía que parte desde el cine mudo para desarrollar al amparo de la 20th Century Fox una carrera donde drama, western y musical tienen cabida. De ello hablaré más en próximos artículos, porque al fin y al cabo, conozco de él lo poco que se ha podido ver en televisión, entre lo que puedo recordar el colorista musical de Rodgers y Hammerstein Carousel, así como La canción de Bernadette, con Jennifer Jones, o Suave es la noche. Como siempre, los amantes del cine clásico lo vamos a pasar en grande en este Máster de Historia del Cine. Y el festival editará junto con la Filmoteca Española una espléndida monografía sobre el director, como es habitual en esta sección del Zinemaldia.

    Por cierto, el 14 de julio estaré en Dublín, but… that’s another story!

    Streisand 65

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  • 24 abril 2007
  • Retroclásica
  • Streisand cumple hoy 65. Como diría mi amiga Esther, "toda una tauro". Son ya muchos años de coleccionar sus películas y, lo que más me gusta, su música. Te puede gustar o no (o siendo más extremistas, la puedes detestar), pero es innegable que la suya es una de las mejores voces de la segunda mitad del siglo XX y de lo que va de tercer milenio.


    Aquí, con su hijo Jason en el rodaje de Hello, Dolly!, película dirigida por Gene Kelly en la que también tiene un cameo Louis Armstrong; la película fue un fracaso económico, pero no de taquilla; sólo había resultado "un poco cara". Es muy recomendable para pasar un rato agradable pese a lo mal que la ha tratado la crítica.

    Además de lo mucho que me gusta su voz está mi devoción a su repertorio. Ha cantado lo mejor de los mejores; desde standards de Broadway compuestos por Cole Porter, Gerswhin, Sondheim (de rodillas), Bernstein, Styne, Rodgers, Berlin, Arlen... en fin, todos los nombres sagrados de la música ligera-clásica americana, hasta temas de músicos actuales sagrados; así su mítico "Guilty" con Barry Gibb, o temas de Paul Williams, Lennon, McCartney, Paul Simon, Stevie Wonder, David Bowie, Burt Bacharach, Henry Mancini (fíncome de hinojos de nuevo) y una interminable lista de compositores pop. Lo que ha cantado ella también está en los álbumes de otros cantantes que admiro, desde Ella Fitzgerald a Frank Sinatra, pasando por Judy Garland, Tony Bennett, Elvis Costello, Diana Krall,... De su estilo son deudoras muchas voces actuales.

    Lo llamativo de una carrera así es, sin duda alguna, el físico que lo acompaña. En un negocio en que lo que se lleva es hacer gala de rostro Lancôme y cuerpo escultural (véanse JenniferLo, Beyoncé, por citar algo de actualidad), pocas veces es algo que coincida con el talento (mencionemos a Diana Krall, que es estupenda). Barbra irrumpió con su rostro imperfecto, narizota y de mirada estrábica en un negocio en el que prima la imagen. Pero además de voz tenía una innata vis cómica que sobre todo quedó bien explotada en la década de los sesenta. Era la nueva Fanny Brice, por voz, por físico, por talento cómico, y le regalaron, precisamente, hacer de la estrella de Ziegfeld primero en Broadway, más tarde en el cine. Aquí aparece haciendo de Baby Snooks, uno de los personajes de Brice más conocidos.

    Fue llegar y besar el santo. Son legendarias sus peleas con William Wyler, reclamando su derecho a dirigir "Funny Girl" como experimentado director que era; y ella reclamando el derecho a dirigirse a sí misma porque había representado ese papel cientos de veces sobre el escenario. Es significativo que su primera canción en el cine fuera "I'm the greatest star" (soy la estrella más grande) y todo ello era un claro indicio de su incipiente megalomanía, no vamos a negarlo.

    La discografía de Barbra excede los 60 álbumes, incluyendo recopilatorios, directos valiosísimos, bandas sonoras... A mí los que más me complacen son los de los años sesenta, porque su voz era salvaje y el repertorio es el que más me gusta. También hay un álbum mítico, "Classical Barbra", de 1976, en el que se da el gustazo de interpretar música clásica con su voz pop. Probad a escuchar su versión de la "Pavane" de Fauré. Ha grabado, a lo largo de 45 años de carrera, dúos con las voces más interesantes del panorama musical (y a veces dudosas, como Don Johnson), pero yo destacaría, como algo menos conocido, el que hizo con Ray Charles para su especial de televisión "Barbra Streisand and other musical instruments"; es una de las más bonitas versiones de "Crying time" que he escuchado.

    En el cine lo suyo ha sido una de cal y otra de arena. A destacar "What's up, doc?", "The way we were" y "Yentl", su primera película (oficial) como directora, además de guionista, productora, actriz y cantante, todo en uno; ignorada en los Oscars, pero no en otros ámbitos, hasta Cabrera Infante ("Cine o sardina") la califica de obra maestra; por no hablar de esa fructífera asociación musical con Michel Legrand ("Los paraguas de Cherburgo", "Verano del 42") y Alan y Marilyn Bergman, sus incondicionales letristas.

    De sus innumerables premios hay que destacar, además del Oscar a la mejor actriz por "Funny Girl", uno como compositora por "Evergreen", el tema principal de ese innecesario remake de "Ha nacido una estrella", uno de sus mayores éxitos económicos. Tiene un Tony, varios Grammys, el AFI,... innumerables discos de oro y platino y récords de ventas y números uno sólo superados por Elvis y los Beatles.

    Está en edad de jubilarse, pero el dólar es el dólar y eso hace superable su conocido pánico escénico. Sus sonoras vueltas al directo quedan registradas en DVD, destacando por encima de todos dos conciertos: uno, el de 1967 en Central Park, ante 135.000 espectadores, da fe de su poder de convocatoria y es probablemente el mejor documento de la magnífica forma en que se encontraba entonces. Otro, el de 1994, nunca ha tenido más dominio técnico de voz y escenario desde entonces. Ahora, después de lós récords de audiencia (y recaudación) de su gira 2006 en USA, ha mencionado su intención de darnos una oportunidad a los europeos, pero hace semanas que no tenemos más noticias. Su voz no es lo que era, pero... sigue siendo muy poderosa y aunque ya no alcanza las notas más altas con la seguridad de antaño, ya quisieran muchas estrellas tenera la cuarta parte de lo que tiene Barbra. Sobre todo, tiene narices.

    Google suspende en Geografía

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  • 04 marzo 2007
  • Retroclásica
  • Mi reciente paso por un cursillo organizado por Miramon Digitala sobre la publicidad en Internet y, en concreto, el uso de Google Adwords, me llevó a probar las herramientas que nos mostraron; especialmente porque una se dedica a la publicidad y tiene que estar al corriente de todo.

    Y siguiendo mi lema, “los experimentos, que sean con gaseosa”, decidí analizar este blog con una herramienta gratuita y muy completa de la que te provee el buscador, llamada Google Analytics. Como todo, es gratis porque la finalidad es aplicarla para potenciar el uso de su producto Adwords con el fin de generar tráfico, vender e ingresar millones de dólares; por lo tanto, no pensemos que Analytics es una herramienta fruto del altruismo; en la red y más en la de los gigantes, todo tiene su porqué.

    Después de registrarme y de pegar media docena de líneas de código en la plantilla de esta página que estáis viendo, inmediatamente comencé a ver el comportamiento de ésta, el número de visitas que recibo, los criterios de búsqueda que habéis utilizado y, entre muchos otros datos, el lugar de procedencia.

    Cuál fue mi sorpresa cuando en el mapa geográfico veo un indicador enorme posicionado sobre las Islas Canarias. Al principio, por la escasez de visitas (mea culpa, es la lógica y trágica consecuencia de mi escasez de ideas y de artículos), las estadísticas no arrojaban suficientes datos para sacar alguna conclusión acerca de el tráfico de visitantes de Calle 14. Pero conforme se produjo el pico de mi última publicación (y desesperada llamada a la lectura), deduje que todas esas visitas de San Sebastián de la Gomera eran un error geográfico de los chicos de Google, porque sospechosamente no recibía ni una sola visita de Donostia-San Sebastián. Es raro cuando la mayor parte de mis potenciales visitantes viven en esa área geográfica.

    Esto ha ocurrido con la población canaria, pero podría haber ocurrido con San Sebastián de los Reyes, o con otras ciudades de nombre similar que hay repartidas por el planeta. He escrito en dos ocasiones al servicio técnico de Google y me han respondido que, bueno, que puede ser un problema de IP, de servidor… En fin, no me convence ninguna de las explicaciones que me han dado, de momento no han solucionado el asunto y supongo que su tecnología puede estar reñida con el conocimiento; supongo que problemas como éste se darán con otras confusiones toponímicas y que, en el fondo, no le dan la importancia que tiene con tal de que sigas generando tráfico, impresiones, accesos y todo eso llene las arcas de su tesoro.

    Este mínimo detalle conecta con mi doble sensación acerca de la información en Internet, sobre todo en pleno auge de “Automedios” de comunicación (recomiendo el interesante artículo al respecto en el Ciberpaís del pasado jueves 1 de marzo) en los que a veces es imposible distinguir la veracidad de cuanto se nos cuenta. Existe tanta información correcta como falsa, y el peligro de ciertas wikis está en la calidad de cuanto se agrega a unas bases de datos monumentales y que el público no experimentado puede tomar como bueno. A veces la información está muy poco documentada, las fuentes bibliográficas por lo general brillan por su ausencia. Pero lo peor de todo es cuando un gigante cibereconómico como el mencionado avala y promueve una herramienta que es defectuosa y que, por lo que veo, no ha sido revisada.
    Y todo esto resulta más preocupante cuando uno de los grandes negocios del mencionado buscador es, precisamente, la geografía... Google Earth. Parece evidente que no hay interacción entre los pececillos que el pez gigante está engullendo.

    Ya llega el tío Oscar

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  • 20 febrero 2007
  • Retroclásica

  • (En la foto, Walter Matthau recibiendo un Oscar y un beso de Shelley Winters). Por primera vez en muchos años los Oscar me pillan a contrapié, sin haber visto todo lo que debo y quiero ver. Salvo “Babel” y “Little Miss Sunshine”, lo demás lo tengo un poco cogido con pinzas. He visto “Dreamgirls” y me ha parecido un bodrio, y todavía tengo pendientes los dos Eastwood y Scorsese (no tengo perdón). En fin, que me asomo a la gaupasa cinematográfica sin apenas criterio, sin favoritos y pensando en la auditoría que tenemos en la oficina a la mañana siguiente. Total, para ver una ceremonia que cada año se critica por larga, tediosa, previsible y espantosamente americana (qué espera el mundo, que sea más cubana, quizá).

    A los que pasamos la noche en vela viendo los Oscars lo que nos gusta es ver esa capacidad mediática de reunir a las estrellas del momento bajo un mismo techo, recuperar quizá a algún dinosaurio y saber que está ahí, vivito y en directo (oh, adorado Morricone, oh, Sir O’Toole). Nos gusta ver ese potencial para el espectáculo, es Hollywood en directo, con todos los recursos, la precisión, lo imprevisible. Que a veces hasta uno puede reírse con la ocurrencia de un presentador brillante (irrupciones memorables de Whoopi Goldberg disfrazada de Elizabeth I o los espectaculares comienzos de Billy Cristal). Después de un par de presentadores de peso específico específicamente americano (valga la redundancia), llega una mujer poderosa en el mundo de la telecomedia y el talk-show en Norteamérica, suficientemente conocida y apreciada (o detestada) en el resto del mundo. Es Ellen DeGeneres, actriz de comedia tan famosa fuera de los platós por su defendido lesbianismo.

    Supongo que el sentido del humor de DeGeneres (o Ellen, para sus seguidores) es más fresco, menos político, más puramente cómico que el de presentadores que le anteceden, y que han sido menos populares entre la audiencia no norteamericana, desde que Cristal y Goldberg dejaron de conducir la ceremonia. El problema de verla desde el otro lado del charco no es únicamente el desfase horario, que influye, sino también el hecho de que los americanos se suelen contar chistes para sí mismos, juegos de palabras con personajes que no conocemos o no entendemos; en esos momentos la traducción simultánea de Digital Plus ayuda poquísimo, así que opto por escuchar la versión original. Ese humor autóctono sería correcto si los Oscar fueran un premio reducido a su público, como lo son los Goya para el nuestro; pero no nos confundamos, todo el tinglado es puro marketing y los americanos cobran una pasta gansa por vender el espectáculo (me refiero al cine, no sólo a los premios) al resto del mundo, por lo que deberían ser un poco más considerados con la audiencia y ofrecer un humor más neutro o universal, en clave de telecomedia de situación. Por esa razón pienso que DeGeneres puede haber sido una buena elección. No lo sabremos hasta la madrugada del 25 al 26.

    Si se habrán dado cuenta estos yankis del potencial de lo extranjero que hasta ellos mismos presentan candidaturas a películas en habla no inglesa… Aquí estaremos pendientes del donostiarra Cobeaga, entre otros.

    TaTaTaTaaaa TaTaTaaaa...

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  • 28 enero 2007
  • Retroclásica
  • Citando al alter ego de Penélope Cruz en los muñecos del guiñol hace unos días en la SER, “Alcorcón es como Hollywood, lo latino y lo español arrasan”. Lo apunto porque me ha hecho gracia, sin más.

    Bien, sigamos con Hollywood y su star-system. Los fans de Indiana Jones seguimos pendientes de George Lucas y Steven Spielberg y sus planes para la cuarta entrega de la saga. Sean Connery está pensando seriamente en abandonar su bien merecido retiro para encarnar de nuevo al Dr. Henry Jones; sólo si el guión le satisface, que quede claro. No puedo imaginar a otro en ese papel; hace unas semanas revisaba Indiana Jones and The Last Crusade y tengo que reconocer que me lo pasé pipa, que no tiene desperdicio y que películas como ésa hacen falta en la cartelera, entretenidas, divertidas, con diálogos inteligentes; vamos, una película clásica de aventuras con todos los recursos Lucas-Spielberg detrás, que por lo general suele ser garantía de entretenimiento; el guión ya está preparado, es de David Koepp, la preproducción en marcha y, si todo va bien, comenzará a rodarse el próximo mes de junio. Los rumores incluyen al habitual del reparto, John Rhys-Davis, la coprotagonista de la primera entrega, Karen Allen, y Natalie Portman, que, como Scarlett Johansson, parece estar en todas partes.

    Si la factoría Dreamworks, los efectos especiales y la cirugía estética no convierten a Indiana en un superhombre, lo lógico es pensar en una película que muestre a un héroe haciendo frente, más que a los malos, a los achaques de la edad. Cosa que ya hizo el propio Sean Connery en 1976, en esa magnífica interpretación de un Robin Hood de vuelta de todo, cansado, herido y enamorado en la inolvidable Robin and Marian (cómo no rendirse ante Marian-Audrey Hepburn). Lo que no puede envejecer en el personaje es el espíritu aventurero, la ironía, la inteligencia, la codicia por el tesoro. Pero, claro, saltar, subir, correr, huír, usar el látigo y no perder el sombrero en el intento tiene que ser más costoso (y a la larga cómico) en un personaje con años y kilillos de más y en declive físico (me remito al mencionado Robin de Connery). Vamos, yo ya no me creería a Indy colgado del cañón de un tanque o en una balsa bajando unos rápidos sin despeinarse. Que Harrison Ford ya no es tan “junior”, vamos, que han pasado dieciocho años desde la última entrega.

    Setenta cumple Vanessa Redgrave, esa grande grande grande del cine y del teatro, de quien mis películas favoritas son Camelot, Isadora y Julia. Todavía la recuerdo en una de sus visitas a San Sebastián, acompañada de Franco Nero y de su hijo en común; en aquella rueda de prensa, Nero, con lágrimas en los ojos, confesó que Vanessa era una de las mejores personas que había conocido en el mundo. Eso no tenemos la oportunidad de comprobarlo personalmente, claro, pero su militancia política y labor altruista han sido reconocidas públicamente y, como actriz, es una de las mejores en activo y de las que están sabiendo envejecer. Recuerdo a Harris-Arturo pensando en Redgrave-Genevere y preguntándose eso de How to Handle a Woman.

    Bennett y Streisand sonríen, Almodóvar no

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  • 23 enero 2007
  • Retroclásica
  • Tony Bennett celebra su 80 cumpleaños con un espléndido (como todo lo que interpreta) álbum de dúos que no hace sino recordarnos los dos Duets de Frank Sinatra, su elegante canto del cisne pocos años antes de morir. Cabe apuntar que Bennett era (según leí hace años, pero no tengo nada que lo documente) el cantante preferido de Sinatra. En 1995 tuve la oportunidad de asistir a su concierto en el Festival de Jazz de Vitoria, que ha sido uno de los más bonitos a los que he asistido hasta la fecha.
    Bennett y Streisand tienen algo en común y es que acuden a un repertorio de standards del que cada uno se apropia (porque su voz y su talento se lo permiten) y al que generosamente transmiten su personalidad. No hacen versiones de los temas que cantan, sino que los recrean y los interpretan. Quizá Barbra peque, en los últimos tiempos, de hacer versiones algo pegajosas de todo lo que canta, haciéndonos añorar, sin duda alguna, la pureza y el lado salvaje con que devoraba standards de Broadway en sus primeros álbumes (ha publicado más de sesenta hasta la fecha y recomiendo la revisión de los primeros doce álbumes desde que firmó con la Columbia a principios de los sesenta). Esta vez los dos cantan juntos un tema de Chaplin, Smile, extraído de la banda sonora de Modern Times. Ya lo (a)bordó la diva en The Movie Album (2003) y Bennett ha hecho lo propio en diversos discos desde 1966. La que nos ocupa no es la mejor versión, pero está muy bien producida e interpretada, no deja de ser una joya para coleccionistas. Para aterrorizar a los más tiernos detractores de mi cantante favorita, aquí va un youtube de regalo de la actuación de Tony y Barbra.
    [Streisand sonríe contando la recaudación en dólares de su última gira americana, mientras piensa en hacer caja en euros próximamente...]
    El álbum de dúos de Bennett es impecable, demuestra estar mucho más en forma que McCartney o Sting (ya quisieran ellos llegar así a octogenarios, y con la que le está cayendo a Sir Paul últimamente,…). Los temas y los intérpretes invitados se han escogido con mimo. No hay un solo tema que no nos suene, que no nos guste. A destacar los dúos con dos de mis favoritos, Stevie Wonder, una revisión lenta de esa joyita musical que es For Once In My Life; con James Taylor canta Put On A Happy Face, da gusto escuchar a Taylor, que últimamente pasa un poco desapercibido; y hay una bonita versión de The Shadow Of Your Smile en inglés y español con Juanes – eso me lleva a recordar que he de conseguir, como sea, una copia de la infravalorada The Sandpiper, de Minnelli, o emprender labores arqueológicas y rescatar el VHS de alguna caja apilada en el garaje desde mi última mudanza…
    Última hora. Almodóvar se queda sin nominaciones al Oscar, salvo la de “Pe” Cruz, que lo tiene difícil frente a la favorita Helen Mirren, o a la recordwoman de candidaturas, Meryl Streep (espléndida en la mediocre The Devil Wears Prada), por no mencionar a Judi Dench, que en los últimos años ha acumulado más apariciones en la gala de los Oscars que Bob Hope como presentador (de hecho lo ganó por Shakespeare In Love) – la cosa va de reinas, ahora que lo pienso. Pero ya sabemos que todo es tan imprevisible como previsible, vamos, que hay ediciones en que todo es sorpresa y otras en que todo estaba más que cantado, así que… ya veremos, esta vez la cosa está muy repartida. A lo mejor Streep se alza con su tercera estatuilla, para irse acercando a Katharine Hepburn… Hay dos cortos españoles, uno de Javier Fesser (Binta y la gran idea) y otro del donostiarra Borja Cobeaga (Éramos pocos). Otro español, de Teruel, el compositor Javier Navarrete, está nominado por la banda sonora de El laberinto del Fauno. No está mal, aunque Almodóvar se haya quedado sin Volver al Kodak Theatre.

    Propósitos, rataplanes y las chicas Gilmore

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  • 15 enero 2007
  • Retroclásica
  • Ataco de nuevo. No es fácil hacer que coincidan el tiempo libre, la inspiración y las ganas de escribir, de ahí mis prolongadas ausencias. Pero para este recién estrenado año me hago el propósito de frecuentar un poco más este blog. Bueno, el año pasado publiqué más que el anterior, así que por qué no seguir con esta progresión, me pregunto. Es sólo cuestión de disciplina.

    También me he hecho el propósito de comer mejor (y menos y de forma más ordenada), hacer más deporte (bicicleta, piscina, monte) y leer más (algo que no sean ladrillos informáticos, por favor).

    [Breve pausa para reflexionar sobre la autenticidad y credibilidad de todos estos buenos deseos que tenemos para nosotros mismos en plena cuesta de enero].

    Bien, pasemos a los rataplanes. 20 de enero, San Sebastián y tamborrada. Cenita con los amigos, tambores y marchas de Sarriegui. Mi sobrina en la tamborrada infantil. Es una bonita fiesta y los donostiarras la disfrutamos porque sólo dura un día, que ya es suficiente. Cae en sábado, supongo que la ciudad se llenará de gente de fuera.

    [Como la mayoría de vosotros conocéis de sobra la fiesta, no merece la pena desperdiciar tiempo libre, inspiración y ganas de escribir en el asunto].

    Y llegamos a las chicas Gilmore. Me las descubrió Jose y desde entonces las devoro capítulo a capítulo en DVD. Me explico. Gilmore Girls es una serie de televisión de las de culto, ya que por horarios y calendarios ha pasado (y está pasando) por nuestras pantallas como de puntillas (TVE la está emitiendo entre semana, por la mañana). En Estados Unidos van por la séptima temporada* y su continuidad en estos momentos está pendiente de la audiencia, como siempre, y es que llegados a un punto el público es muy difícil de sorprender y se cansa de todo.

    En nuestro país nos encontramos con cinco temporadas editadas en DVD. La sexta ya se puede descargar de Internet (me apunta Jose que en dual). Y no tardará en llegar aunque sea sólo en versión original la séptima. Es importante eso de la dualidad lingüístico-sonora, porque es una delicia la versión original, pero los diálogos son tan rápidos e irónicos que hay que estar atentos a la versión doblada para captarlo todo y no perder ripio (por otro lado, la versión en español está bastante lograda).

    Puestos a describir la historia de las Gilmore, Lorelai madre y Lorelai (Rory para todo el mundo) hija, son dos chicas jóvenes y valientes que viven en un (supuesto) pueblo de Connecticut, Stars Hollow, que para que nos entendamos es como el añorado Cicely de Doctor en Alaska versión Nueva Inglaterra. Vamos, un microclima con personajes pintorescos, cada uno con su carácter, su mundo, sus neuras, sin desperdicio. Los diálogos son estupendos, las situaciones a veces rozan lo hilarante, la historia ha ido in crescendo desde el primer capítulo. Hay que destacar el buen trabajo no sólo de sus protagonistas, Lauren Graham y Alexis Bledel, sino también de toda la legión de secundarios que pueblan ese pequeño cosmos tan particular entre Hartford y Yale.

    Ya voy por la quinta temporada*.

    *Temporada. Hasta hace bien poco era un concepto muy poco usado por la audiencia en el sentido televisivo. Ahora todos decimos “me he bajado la cuarta temporada de Friends” o “ya ha salido en DVD la segunda de Perdidos”. Será porque nuestras teles nos tenían tan acostumbrados a mostrarnos todas esas series de manera desordenada, sin continuidad, casi aleatoria y con repeticiones; vamos, como se emiten los Simpson por Antena 3. Ahora que el mundo audiovisual se ha dado cuenta del gran filón que hay con la comercialización de las series de TV, se ordenan por temporadas, y éstas hasta por capítulos. Ay, la ciencia adelanta una barbaridad…
     
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