Calle 14: Literatura
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas

Diez años sin Carmiña

0
  • 23 julio 2010
  • Retroclásica

  • (Foto: Kalipedia. Carmen Martín Gaite y Rafael Sánchez Ferlosio)

    El 22 de julio se han cumplido diez años de la desaparición de una de las más grandes narradoras del siglo XX. Murió abrazada a sus cuadernos, los que se encargaban de imprimir lo que ella guardaba en su memoria, donde se recreaba en su caligrafía y componía imaginativos collage, tomando de aquí y de allá una fotografía, un trozo de tela, un sello. Igual que lo hacía con su forma de escribir, cada párrafo se construía a base de retazos de realidad y sueños, y la escritura no era sino otra forma de tejer o de pegar trocitos de papel para pintar una imagen.


    Calila, como la llamaban sus allegados, ha sido irremplazable. Como cada miembro de su generación, ella se encargó de plasmar la experiencia, los sentimientos y los pensamientos de quienes vivieron la infancia durante la guerra civil y fueron pasto de sus consecuencias.

    La vida de Gaite tampoco fue un camino de rosas, aunque, quién lo iba a decir, parece que sólo su cabello fuera el auténtico catalizador de sus tragedias. Leerla o escucharla, verla en sus fotografías daban, en apariencia, la impresión de que fuera una persona alegre que seguía albergando a una niña dentro de su cuerpo resistente a la ancianidad. De todas sus fotografías, me quedo con dos, la Carmiña asida al caballo de un tío-vivo en la época de "Caperucita en Manhattan", y la Carmen Martín Gaite que siempre llevaba un gorro-boina con un prendido imaginativo como queriendo contener todos los pensamientos que parecían salir de debajo de su envidiable mata de pelo blanco.

    Desde aquí el deseo de que sus libros sigan viviendo, que, para vivir, deben ser leídos.


    Actualización 13 agosto 2010:


    Carmen Martín Gaite en escritoras.com (una web excelente)
     

    Miguel Delibes

    4
  • 12 marzo 2010
  • Retroclásica

  • Una entrada urgente, algo que nunca debería hacer. Hay mañanas en que una simple mención en la radio de algo que te importa te impulsa a disponer de diez minutos de tu importante tiempo para escribir algo, compartirlo y emprender la labor de recordar y recuperar para quienes vienen por detrás de nosotros la figura de un gran escritor.

    Clara y Nadal

    5
  • 08 enero 2010
  • Retroclásica

  • Año nuevo. Un nuevo tag en el blog. Cero entradas. Observo que, al menos, el año pasado escribí algo más que el anterior. Y que los anteriores. Es un alivio. Una media de dos artículos al mes, qué lujo. Objetivo: mantener el tipo, digo yo. Porque toda la vida he querido escribir, y ahora que tengo el espacio ideal donde dar rienda suelta a mis habilidades más mecanográficas que literarias, me escudo en el eterno "no tengo tiempo" para no dar un palo al agua. En fin, aquí va, pues, una de mis "New Year's Resolutions".

    Y es que hay quien escribe mucho y bien y, por eso, gana el premio que, una vez en la librería, más me atrae. El Nadal, para mí, es el segundo apellido de unos cuantos escritores y libros favoritos. Qué sería del Nadal sin la generación de los 50. Sin la osadía de premiar "Nada", la extraordinaria obra de una mujer a la que eternamente recordaremos por esa y no por otra novela, Carmen Laforet. Miguel Delibes. Rafael Sánchez Ferlosio. Ana María Matute. Carmen Martín Gaite. Nombres que algunos seguimos atesorando, resistiendo el embate del best seller, y sosteniendo, entre ellos, a narradores herederos del buen hacer, Marías, Mendoza, Bolaño, Gopegui.

    Clara Sánchez es otra escritora de las que nacen historias que te atrapan. Sólo he leído dos de sus novelas, "Últimas noticias del Paraíso" y "Un millón de luces". Y quizá tengo un recuerdo menos claro del hilo narrativo de ambos libros, y sin embargo sensaciones que tienen más que ver con un estilo claro, que se detiene en lo aparentemente sencillo, en lo cotidiano. Que se mueve en escenarios en los que nos movemos todos, una urbanización, un edificio en el centro de la ciudad, un centro comercial, un jardín. Con personajes trepas, jóvenes inexpertos, perros que ladran con rabia y protagonistas que asisten, atónitos, a lo que espera agazapado detrás de la monotonía, de la cruda realidad.

    Al leer el argumento de la novela premiada, "Lo que esconde tu nombre", no voy a poder resistirme a correr hasta mi librería favorita dentro de un mes. Una apacible pareja de ancianos alemanes retirados en la costa española donde esconden un pasado gris y cruel; un superviviente de un campo de concentración; y una joven ajena a los respectivos pasados del resto de los personajes. Como en el cine, la II Guerra Mundial sigue propiciando argumentos interesantes, como si siguiéramos necesitando rescatar historias anónimas para no olvidar lo que no debe repetirse, para no perdonar al criminal a medida que el tiempo va difuminando su pasado. Sin duda Clara Sánchez lo haya escrito con honestidad y sin dejar cabos sueltos.

    Paul, Liz y Skármeta

    3
  • 20 septiembre 2009
  • Retroclásica

  • Ayer fue un día laborioso pero lleno de grandes premios. Vi, por enésima vez y en una copia estupenda, KEY LARGE, de John Huston, para la cual Brooks había escrito el guión. No sólo es una película que engancha, también sirve para comprobar cómo saltaban chispas entre Bogart y Bacall. Por fin el público rompió a aplaudir, que este año anda un poco escaso de entusiasmo, ¿será la crisis?.

    Hablando de la palabra de moda. Crisis fue la primera película dirigida por Brooks y pudimos verla. Interesante, a veces divertida y, como su título, tan de moda. Un país sudamericano, un tirano en el poder, un pueblo que quiere rebelarse. ¿No nos suena? Y Cary Grant con su esposa, de vacaciones, en el mencionado territorio comanche. Recomendable para una tarde de sábado de otoño y lluvia, sofá y mantita. Para los fans de Cary, entre quienes me encuentro, claro.

    Después quise ver The light touch, pero mis obligaciones técnicas me lo impidieron. La sala, llena, y Stewart Granger en la pantalla. A ver si puedo recuperar esta película en una próxima proyección.


    Por último, vimos una de las estrellas de la retrospectiva; Cat on a hot tin roof, una película archiconocida y unos actores guapos, admiradísimos, con talento. Confieso que en la sala había mucha gente boquiabierta ante el pijama y el albornoz de Paul Newman y el impresionante físico de Liz Taylor en su mejor momento. La película no ha perdido el atractivo ni el interés. Siguen estando vigentes todos los los aspectos de la obra del escritor sureño Tennessee Williams, la atmósfera irrespirable en la que la intimidad no existe, el deseo insatisfecho, la envidia, la ambición, y la pesadilla de los "monstruos cuellicortos" que exasperan a Liz, esa gata que se siente como si estuviera pisando un tejado de zinc caliente...

    Hoy "estrenamos" otros cuatro títulos:
    • Battle circus
    • Take the high ground!
    • Flame and the flesh
    • The last time I saw Paris
    De todas éstas, la última sí la he visto, está en DVD, y reúne a Liz Taylor con Van Johnson y Walter Pidgeon, y en la que aparece un jovencísimo Roger Moore.

    Y, por último, contaros que gracias a la radio, y a Conchita Casanovas, tuve la oportunidad de conocer a Antonio Skármeta, en una pequeña tertulia para Radio 4. Además de gran escritor, como decía Conchita, es un gran contador de historias (no todos los escritores lo son, claro), y es que nos relató la experiencia de asistir a una sesión de "The Blackboard jungle" en el Chile de su juventud, y nos recordó el papel de Glenn Ford como profesor intentando educar a sus alumnos, a través del jazz, y cómo la película terminaba con un rock-and-roll que él mismo se lanzó a cantar... One-two-three o' clock-four o'clock rock! Y es que el autor de "El cartero de Neruda" es tan simpático como aparenta en esta foto.

    Los años sin Carmen

    3
  • 09 diciembre 2008
  • Retroclásica
  • El día 8 de diciembre Carmen Martín Gaite hubiera cumplido 83 años. Lo del número es algo anecdótico, porque Carmiña siempre fue una joven de pelo blanco. Incluso de niña. Hace ocho años que se la llevó un cáncer fulminante, el tiempo ha pasado deprisa, pero ella sigue afianzándose como una de las mejores escritoras de todos los tiempos.

    En alguna entrevista que puede leerse en Internet, asegura que nunca vendió tantos libros como en su última etapa, porque fue cuando atrapó a una generación que nunca la había leído (en la que me incluyo), que la conoció en la época en que publicó Nubosidad variable y que comenzó a leerla hacia atrás, es decir, de las últimas hacia sus primeras novelas.

    La leí por primera vez precisamente cuando apareció Nubosidad, una novela que me fascinó desde la primera página, en la que los personajes, el hilo narrativo y la forma de tejer las palabras eran como una especie de conjuro mágico que secuestraba al lector. Lo he ido leyento todo, Lo raro es vivir, El cuarto de atrás, Retahílas, Entre visillos, La reina de las nieves, la estupenda Caperucita en Manhattan... Años después, Carmen visitó Donostia para dar una conferencia en el Hotel María Cristina, en la que nos contó su labor de escritora, su pasión por contar cosas, su forma de abordar la composición de sus personajes y su implicación en ello. Mientras la escuchábamos creo que nos sentíamos totalmente hechizados por ella; su espíritu de niña grande, su inseparable boina, la dulzura de su voz, esa franqueza con la que confesó no haber preparado nada pero tener mucho que decir... Salimos de allí como si hubiéramos pasado la tarde charlando y merendando té con pastas con una vieja amiga.

    La literatura en lengua española está llena de grandes artesanos de la palabra. Sigo leyendo, entre ladrillo y ladrillo, a Baroja, a Galdós, a Unamuno; a Machado, Lorca y Aleixandre. Y si algo vengo reivindicando y recomendando, es esa generación de posguerra tan maravillosa, la de Delibes, Sánchez Ferlosio, Sénder, los Aldecoa y Gaite, entre muchos otros nombres. Los libros que más he regalado los escribieron ellos. Y creo que han hecho afición entre sus destinatarios.

    Cambiando de asunto, os dejo aquí esta "película" que mi sobrina Raquel y su padre hicieron ayer para entretenerse un rato... Es corta, pero intensa. Yo ya les he dado un Oscar.

    Derechos y patrimonio (de la humanidad)

    4
  • 22 octubre 2008
  • Retroclásica
  • Alberti y su primera esposa, María Teresa León

    Acabo de leer en El País que la figura y la obra de Rafael Alberti se están olvidando. Podría esta idea encajarse en el debate permanente sobre la calidad de nuestra cultura y de la enseñanza, pero en esta ocasión, y como podréis leer en el artículo que me lleva a expresar mi opinión, el contexto no es otro sino el del bloqueo de los derechos de publicación de la obra de uno de los más grandes escritores en lengua española.

    No sé por dónde seguir escribiendo acerca de mi malestar general: quizá es porque nunca he podido soportar la figura y el papel que juega en todo esto la-mujer-joven-que-se-casó-con-el-autor-consagrado-maduro. Es una circunstancia que se repite con otros autores: de Borges a Cela, pasando quizá también por el propio Saramago. Si bien María Kodama no me resulta tan antipática (aunque también supongo que ejerce de viuda de), qué decir de la marquesa que llegó, vio y venció y tejió un entramado empresarial para controlar todo el legado del autor de La colmena. Ni ganas de teclear el nombre de semejante arribista, porque mucho me temo que tiene un metabuscador que se dedica a localizar cuanto se escriba acerca de su difunto y de ella misma, egocéntrica y ególatra como pocas. Por qué señores tan cultos, con tanta experiencia, son capaces de arrimarse a mujeres de esa calaña y legarles todo, habiendo otros herederos naturales (y, además, por encima de todo, los lectores y la historia de la literatura), es algo que no llego a explicarme.

    Fundamentalmente, el artículo Alberti, de la arboleda al olvido viene a explicar cómo los derechos de la obra del poeta están controlados por una sociedad que maneja su viuda, María Asunción Mateo, y que ha secuestrado de tal manera la obra que hay libros del autor (uno esencial para tener un primer contacto con su obra: Antología poética, de colección Austral), que tras agotarse su última edición no han podido ser reeditados.
    La famosa imagen de la Generación del 27
    La figura de Rafael Alberti es una de las claves no sólo para explicar un episodio fundamental de la historia de la literatura española, sino también para comprender a una generación política y cultural del siglo XX. Tuve la suerte de estudiar literatura cuando el nombre de Alberti, aún en vida, ya era parte de los temarios de los libros de EGB y bachillerato. Es decir, estaba a la altura de los clásicos y formaba parte de lo que didácticamente se vino a agrupar bajo el nombre de la Generación del 27, la de Lorca, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, José Bergamín, Pedro Salinas, Gerardo Diego, León Felipe, Miguel Hernández, Dalí, Buñuel... y damas como Rosa Chacel, aunque pocos la mencionen dentro de esta generación.

    Delibes, Chacel y Alberti

    Si ahora una sociedad va a controlar los permisos para que Serrat entone su "Se equivocó la paloma..." o los libros de texto escolares incluyan ejemplos de la poesía de Alberti, estamos ante la mercantilización de una obra artística que debería más bien declararse patrimonio de la humanidad; ese control de algo que todos tenemos derecho a conocer y disfrutar. No hará sino negar esa obra a nuevas generaciones, a las que de por sí resulta muy difícil animar a leer, ya no digamos clásicos o poesía. Esta señora está tirando piedras contra su propio tejado: ponerlo todo difícil o extremadamente caro hará que el autor de Marinero en tierra desaparezca de las estanterías de las librerías y que cuando reaparezca nadie lo reclame. Es para reflexionar que Camilo José Cela Conde y Aitana Alberti se hayan quedado fuera de juego. Y esta actitud es tan impropia de un personaje como fue Rafael Alberti... Seguro que él invitaría al fotocopiado masivo y reaccionario.

    Surfero Viertel, corazón Kerr

    2
  • 05 noviembre 2007
  • Retroclásica
  • Inesperada la noticia de la muerte de Peter Viertel. Novelista, guionista, surfero y compañero de la recién desaparecida Deborah Kerr. Echando un vistazo a la imdb parece que este hombre haya pasado como de puntillas por todo. Pero nada más lejos de esa impresión. Su madre, Salka Viertel, actriz, escritora e íntima amiga de Greta Garbo; su padre, Berthold Viertel, también escritor; ambos huyeron de la Alemania nazi hacia la América de las oportunidades y se dedicaron a la producción teatral y cinematográfica. Por la casa de los Viertel pasaron Bertolt Brecht y Thomas Mann, y después de la II Guerra Mundial, se dedicó a la escritura de guiones para cine, para poder mantener su carrera como novelista. Dicen que Hubbell Gardiner, el personaje encarnado por Robert Redford en The Way We Were, está inspirado en la vida de Viertel con su primera esposa.

    Como cinéfila comprendí la importancia de Viertel cuando a principios de los noventa vi la estupenda versión cinematográfica de su novela White Hunter, Black Heart. En ella se recrea la atmósfera del rodaje de la película de John Huston, The African Queen, fascinante historia Bogart-Hepburn que no deja de engancharme una vez al año a la pantalla. No estaría de más revisar alguna de sus novelas que seguramente encontrarán a partir de hoy su oportuna reedición.

    Menos popular es la contribución de Viertel en el inicio de la práctica del surf en la costa vasca, especialmente en Biarritz, a donde el escritor llegó con su tabla en 1957 (en la foto, la tabla del escritor es la de la izquierda, la de la derecha al parecer era de Richard Zanuck). Viertel también se ha dejado ver en San Sebastián, no en vano era parte de ese ritual del norteamericano que seguía los pasos de su amigo Hemingway, entre Madrid, Pamplona, Donostia y Biarritz. De hecho, es suyo el guión de The Sun Also Rises, producida por Darryl F. Zanuck, y que pudimos ver recientemente en Donostia y en el Doré madrileño. Hacía muchos años que el escritor vivía entre Marbella, donde ha fallecido, y un pueblo de Suiza. Sólo hace unas semanas éste expresaba a la prensa el lamento por la pérdida de su gran amiga, su esposa.

    Aprovecho la entrada para cambiar de tercio y hablar de la última de Woody Allen, Cassandra's dream, inspirada nuevamente en Crimen y Castigo (nueva vuelta de tuerca al sentimiento de culpa), de Dostoievski, y con un barco que inevitablemente me lleva a recordar a Delon y Ronet en Plein Soleil. La película no está mal, pero le sobran veinte minutos y provoca que el final no sorprenda, sino casi alivie. La banda sonora de Philip Glass evocaba quizá demasiado a la de The Hours. Pero tampoco está tan mal como avisaban las crónicas desde Venecia. El problema de hacer obras maestras como Match Point es que las siguientes películas, si no la alcanzan, resulten menores o simplemente decepcionantes. Vista sin todos esos prejuicios, la última de Allen es una buena película. Personalmente, sigo admirando la capacidad del neoyorkino para estirar sus leit motivs y hacer con cada uno de ellos media docena de películas diferentes e interesantes.
     
    Copyright 2010 Calle 14