Calle 14

Surfero Viertel, corazón Kerr

2
  • 05 noviembre 2007
  • Retroclásica
  • Inesperada la noticia de la muerte de Peter Viertel. Novelista, guionista, surfero y compañero de la recién desaparecida Deborah Kerr. Echando un vistazo a la imdb parece que este hombre haya pasado como de puntillas por todo. Pero nada más lejos de esa impresión. Su madre, Salka Viertel, actriz, escritora e íntima amiga de Greta Garbo; su padre, Berthold Viertel, también escritor; ambos huyeron de la Alemania nazi hacia la América de las oportunidades y se dedicaron a la producción teatral y cinematográfica. Por la casa de los Viertel pasaron Bertolt Brecht y Thomas Mann, y después de la II Guerra Mundial, se dedicó a la escritura de guiones para cine, para poder mantener su carrera como novelista. Dicen que Hubbell Gardiner, el personaje encarnado por Robert Redford en The Way We Were, está inspirado en la vida de Viertel con su primera esposa.

    Como cinéfila comprendí la importancia de Viertel cuando a principios de los noventa vi la estupenda versión cinematográfica de su novela White Hunter, Black Heart. En ella se recrea la atmósfera del rodaje de la película de John Huston, The African Queen, fascinante historia Bogart-Hepburn que no deja de engancharme una vez al año a la pantalla. No estaría de más revisar alguna de sus novelas que seguramente encontrarán a partir de hoy su oportuna reedición.

    Menos popular es la contribución de Viertel en el inicio de la práctica del surf en la costa vasca, especialmente en Biarritz, a donde el escritor llegó con su tabla en 1957 (en la foto, la tabla del escritor es la de la izquierda, la de la derecha al parecer era de Richard Zanuck). Viertel también se ha dejado ver en San Sebastián, no en vano era parte de ese ritual del norteamericano que seguía los pasos de su amigo Hemingway, entre Madrid, Pamplona, Donostia y Biarritz. De hecho, es suyo el guión de The Sun Also Rises, producida por Darryl F. Zanuck, y que pudimos ver recientemente en Donostia y en el Doré madrileño. Hacía muchos años que el escritor vivía entre Marbella, donde ha fallecido, y un pueblo de Suiza. Sólo hace unas semanas éste expresaba a la prensa el lamento por la pérdida de su gran amiga, su esposa.

    Aprovecho la entrada para cambiar de tercio y hablar de la última de Woody Allen, Cassandra's dream, inspirada nuevamente en Crimen y Castigo (nueva vuelta de tuerca al sentimiento de culpa), de Dostoievski, y con un barco que inevitablemente me lleva a recordar a Delon y Ronet en Plein Soleil. La película no está mal, pero le sobran veinte minutos y provoca que el final no sorprenda, sino casi alivie. La banda sonora de Philip Glass evocaba quizá demasiado a la de The Hours. Pero tampoco está tan mal como avisaban las crónicas desde Venecia. El problema de hacer obras maestras como Match Point es que las siguientes películas, si no la alcanzan, resulten menores o simplemente decepcionantes. Vista sin todos esos prejuicios, la última de Allen es una buena película. Personalmente, sigo admirando la capacidad del neoyorkino para estirar sus leit motivs y hacer con cada uno de ellos media docena de películas diferentes e interesantes.

    I'm still here

    4
  • 28 octubre 2007
  • Retroclásica
  • Este artículo se lo dedico a mi amigo Eneko, fan sin fin de este blog, que me pregunta cada día que me ve a qué espero para seguir escribiendo. Yo también me lo pregunto.

    Me falta el tiempo, la tranquilidad, las ideas, la imaginación. La verdad es que llevaba un buen ritmo de camino a Dublín, pero quienes me conocen saben que un sustillo familiar durante el inolvidable fin de semana Streisand hizo que me centrara en otras cosas y que perdiera en cierto modo mis ganas de comunicarme.


    Pero estoy aquí, todavía estoy aquí, como dice la canción de Stephen Sondheim (¡de rodillas!).

    Así pues, pasaré volando sobre la parte positiva del concierto; Barbra es de carne y hueso, diva inalcanzable pero humana como todos. Estuve a tres metros de ella, a veinticinco años de fidelidad, a siete minutos de entrevista, a una cena de hacer amigos, a dos horas de éxtasis musical, a un arcoiris de milagro meteorológico.

    (Las fotos del concierto... salieron de mi Olympus, increíble pero cierto, fijaos qué cerca estuve). Os cuento que está fondona pero sexy, de vuelta de todo pero feliz; que ha perdido voz pero tiene más de lo que quisieran otras, que no se sale del guión pero sigue haciendo de sus conciertos algo divertido, que no es una show-woman pero llena el escenario y es capaz de hacer que 20.000 personas caigan rendidas a sus pies. Hice varios amigos, docenas de fotos, decenas de malas fotos, kilómetros por las calles de Dublín y viví con auténtica ansiedad las horas antes del concierto en Castletown House. La organización (señalización, ubicación, control) fue un desastre; un concierto al aire libre en un lugar donde llevaban 30 largos días de lluvia, y a unos cuantos kilómetros a las afueras de la ciudad peor comunicada de Europa.

    No sé si tiene algo que ver; fue ver llegar el helicóptero de Barbra a la prueba de sonido y parar la lluvia; el arco iris nos acompañó durante un buen puñado de canciones. Y no volvió a caer una sola gota hasta que salimos de vuelta a Dublín.

    Han pasado más de tres meses después del concierto; lo recuerdo todo, pero a veces dudo si fue un sueño del que me desperté nada más aterrizar en Donostia.

    Os voy a pegar aquí una divertida parodia de Barbra que hace Joaquín Reyes en La Hora Chanante. Es genial... Monty ha hecho que me aficione a youtubear en busca de los "Testimonios" de Chanante y "Celebrities" de Muchachada Nuí.


    El verano seguía sin dejarse ver por las calles de Donostia; sabíamos que era julio porque sonaba jazz en la Trini. El festival se cerraba con Elvis Costello. Una señora decía "no me extraña que la rubia [Diana Krall] no lo suelte, está en plena forma el tío".

    Aunque oficialmente es otoño, para mí el verano se prolonga con el Festival de Cine. 47 películas de Henry King en el bolsillo, mucha disciplina en el trabajo y en la butaca de la sala 2 del Príncipe, que en estos doce años es como mi primera casa cada mes de septiembre. Buen ciclo, buen cine, quizá el año pasado Lubitsch me dejó más satisfecha, pero este año también he podido descubrir películas estupendas. La versión muda de "Stella Dallas", por ejemplo. Ver a Deborah Kerr en "Beloved Infidel" fue un excelente adiós en cinemascope y tecnicolor a una de mis actrices favoritas. Cruzarme dos veces con Liv Ullman por los pasillos del cine y recibir un "Hi, good to see you" sonriente y educado. Hablar de Henry King con Olga en la radio. Siempre hay algún motivo extra por el que recordar el festival con cariño.

    Vuelta a la mina. Oficina, trabajo acumulado, lecturas atrasadas, más cine. Salí satisfecha después de ver "Un funeral de muerte". Necesitaba una película así con la que llorar de risa. O en casa, revisando la obra de Harold Lloyd. Vamos, que sigo aquí y sin tiempo para el aburrimiento.

    Dublín, víspera y 13

    6
  • 14 julio 2007
  • Retroclásica
  • Qué viernes trece más largo. Qué tráfico el de Dublín. Casi me ha costado más llegar al hotel desde el aeropuerto que desde Vitoria a Dublín. Y la lluvia. Pero aunque está cubierto de nubes, la luz y los minúsculos claros del cielo prometen. Ojalá mañana haga un día bueno. Vamos, que no llueva y con eso me conformo. Una está acostumbrada a la lluvia, pero mañana es mi día y sería perfecto si saliera el sol.

    Acabo de aterrizar de nuevo en el hotel después de cenar y pasear por las calles más bonitas de Dublín con Charo. Ella lleva aquí poco más de año y medio, y ya se le nota la condición de dublinesa porque sólo se da cuenta de lo turístico de Dublín cuando se lo muestra a sus invitados. Es lo que nos pasa a todos los arraigados a un lugar concreto, que lo vemos como el espacio habitual en el que vivimos, trabajamos, desarrollamos nuestra rutina; pero cuando vienen los amigos de fuera ese espacio cambia, le buscamos la belleza que hay que mostrar al forastero y presumimos de ella.

    Con el cansancio a veces confundía los edificios y las calles de Dublín con las de Boston. El ladrillo rojo de las fachadas, los carteles de las tiendas y las tabernas, las entradas con sus escaleras, los forjados, las verjas… todo me sonaba a algo y ese algo está al otro lado del charco. Por algo se llamará New England, claro.
    Los pubs, los restaurantes son lugares en los que acampar cómodamente. Hay vida. La gente se mueve y alterna. Esto está mucho más vivo que mi ciudad. No sé, hay algo que llena todos los locales, gente muy peripuesta o lugares vestidos para la ocasión. Estoy segura de que en esta ciudad podría sentirme a gusto si no pudiera quedarme en Donostia.


    El hotel es bonito, limpio, cómodo. En el centro de Dublín, junto a St. Stephen’s Green y cerca de The Merrion. Las vistas, pese a ser de una habitación de las más “asequibles”, son muy agradables. Tejados, unos más bonitos que otros, nubes, verde. Puedo escuchar a las gaviotas – mal rollo, porque cuando buscan refugio tierra adentro es porque viene mal tiempo. Y ahora por la noche puedo ver las luces del edificio que hay enfrente, en los ventanales puedo ver que se acumulan cientos de papeles, libros, carpetas, archivadores, era más evidente antes de anochecer, ahora quedan algunas ventanas con luz, quizá alguien esté limpiando las oficinas.

    Aquí no falta de nada, pero la sorpresa más agradable es el equipo de música. Hay una cadena de radio sintonizada que antes de salir a cenar ha emitido música de Haendel y Tchaikovski. Ahora hay un programa de jazz de ésos que invitan a pegarse un baño de espuma, prepararse una copa de algo suave y dejarse caer sobre la cama para descansar. Y mañana, Castletown House, en Cellbridge. No puedo creer que me lo esté tomando con tanta tranquilidad, serán los termalgines con los que he desayunado esta mañana o la migraña que no cesa…

    Ticket to ride

    0
  • 13 julio 2007
  • Retroclásica

  • Haciendo honor a la canción de los Beatles... Aquí va el papelito tan esperado. No hay tiempo para más escritura, acabo de cerrar la maleta, me muero de sueño.

    IMPUNTUALIDAD BRITÁNICA

    4
  • 10 julio 2007
  • Retroclásica
  • El viernes me voy a Dublín y todavía no tengo la entrada para el concierto, ese evento tan esperado durante más de veinte años. Estoy cansada de las largas que me dan los de la organización, Mark Butler Associates (Londres), que sí que fueron eficientes y británicamente puntuales para apresurarse a cobrar y enviarme la factura después. Primero prometieron que enviarían la documentación (un pase vip y supongo que la agenda de eventos a los que tengo derecho a asistir) quince días antes de la fecha. Hoy es martes, 10 de julio, el evento es el próximo sábado 14 y yo me estoy comiendo las uñas y acordándome de los familiares del Sr. Butler y sus asociados. Porque todo esto llevaba un plus de envío urgente a través de DHL. Y yo llamando a la empresa de transporte y allí no saben nada.

    Ay, yo pensaba que la espera se me iba a hacer eterna. La espera del concierto. Pero la fecha se me echa encima, tengo avión y hotel, tengo amiga residente en Dublín dispuesta a compartir una Guinness y a patearse la ciudad conmigo (Chariniiiii... allá voy...), tengo la promesa de contar la aventura a mis íntimos cuando vuelva pero me falta eso, lo fundamental, una entrada que me ha costado un ojo de la cara y que no llega, no llega y NO LLEGA.

    Después hay que aguantar que los de las islas se rían de los que vivimos a este lado de los Pirineos. Y es que si en mis tareas cotidianas (y vosotros en las vuestras) incumpliera de semejante manera, hace tiempo que tendría el chiringuito cerrado.

    Estoy cabreada y disgustada, no puedo evitarlo. Eso sí, espero que mi próximo post sea alegre y se nutra de la adrenalina de toda esta aventura, el cabreo y el disgusto se habrán esfumado. Hasta la semana que viene.

    EL RETORNO DEL FESTI

    0
  • 11 mayo 2007
  • Retroclásica
  • Esta mañana el sol brillaba en Donostia. Hablo en pretérito, porque las nubes y un indicio de galerna se han apoderado de nuestro aire. Hace calor, pero a ratos da la sensación de que la temperatura está bajando. Es el preludio del verano.

    Esta mañana el sol brillaba en Okendo, en ese espacio que separa al Hotel María Cristina del Teatro Victoria Eugenia. Pisábamos el renovado suelo de la plaza sonriendo, mirando a ambos lados, camino del salón Elkano, donde hoy se ha presentado la próxima edición del Festival de Cine de Donostia. Y el sol brillaba especialmente en los rostros de la gente que habita las oficinas del Festival, porque acaban de volver a su hábitat natural, el del Victoria Eugenia, un lugar del que salieron para exiliarse temporalmente en las oficinas que tuvieron en la Calle Usandizaga, mientras la remodelación del añorado teatro se ha ido eternizando de edición en edición. Suerte de elecciones municipales, que siempre dan empujoncitos a los proyectos inacabables.

    Contagiada por el cambio de ubicación y por el aire de retorno, la imagen de esta edición en cierto modo evoca los carteles de principios del siglo XX, como también puede recordar ligeramente a las mujeres de Modigliani; y vuelve a ser colorista, lleno de azules, ocres y verdes luminosos, donde los ojos de una mujer con cierto deje melancólico, proyectan también un aire soñador. Una mirada, el mar, Donostia, el cine...

    Además de la presentación gráfica de la próxima edición (una colección de carteles yo diría que excelentes, creados por Óscar Mariné), poco más nos han adelantado en el encuentro con la prensa. A falta de determinar el ciclo dedicado a un realizador contemporáneo, se ha dado a conocer la retrospectiva temática, “Fiebre helada”, que hará un recorrido por el cine nórdico y sus ramificaciones, entre ellas el Dogma 95. Y, lo que a ésta que escribe más le importa, la retrospectiva clásica; nada menos que HENRY KING, autor de una extensa filmografía que parte desde el cine mudo para desarrollar al amparo de la 20th Century Fox una carrera donde drama, western y musical tienen cabida. De ello hablaré más en próximos artículos, porque al fin y al cabo, conozco de él lo poco que se ha podido ver en televisión, entre lo que puedo recordar el colorista musical de Rodgers y Hammerstein Carousel, así como La canción de Bernadette, con Jennifer Jones, o Suave es la noche. Como siempre, los amantes del cine clásico lo vamos a pasar en grande en este Máster de Historia del Cine. Y el festival editará junto con la Filmoteca Española una espléndida monografía sobre el director, como es habitual en esta sección del Zinemaldia.

    Por cierto, el 14 de julio estaré en Dublín, but… that’s another story!

    Streisand 65

    6
  • 24 abril 2007
  • Retroclásica
  • Streisand cumple hoy 65. Como diría mi amiga Esther, "toda una tauro". Son ya muchos años de coleccionar sus películas y, lo que más me gusta, su música. Te puede gustar o no (o siendo más extremistas, la puedes detestar), pero es innegable que la suya es una de las mejores voces de la segunda mitad del siglo XX y de lo que va de tercer milenio.


    Aquí, con su hijo Jason en el rodaje de Hello, Dolly!, película dirigida por Gene Kelly en la que también tiene un cameo Louis Armstrong; la película fue un fracaso económico, pero no de taquilla; sólo había resultado "un poco cara". Es muy recomendable para pasar un rato agradable pese a lo mal que la ha tratado la crítica.

    Además de lo mucho que me gusta su voz está mi devoción a su repertorio. Ha cantado lo mejor de los mejores; desde standards de Broadway compuestos por Cole Porter, Gerswhin, Sondheim (de rodillas), Bernstein, Styne, Rodgers, Berlin, Arlen... en fin, todos los nombres sagrados de la música ligera-clásica americana, hasta temas de músicos actuales sagrados; así su mítico "Guilty" con Barry Gibb, o temas de Paul Williams, Lennon, McCartney, Paul Simon, Stevie Wonder, David Bowie, Burt Bacharach, Henry Mancini (fíncome de hinojos de nuevo) y una interminable lista de compositores pop. Lo que ha cantado ella también está en los álbumes de otros cantantes que admiro, desde Ella Fitzgerald a Frank Sinatra, pasando por Judy Garland, Tony Bennett, Elvis Costello, Diana Krall,... De su estilo son deudoras muchas voces actuales.

    Lo llamativo de una carrera así es, sin duda alguna, el físico que lo acompaña. En un negocio en que lo que se lleva es hacer gala de rostro Lancôme y cuerpo escultural (véanse JenniferLo, Beyoncé, por citar algo de actualidad), pocas veces es algo que coincida con el talento (mencionemos a Diana Krall, que es estupenda). Barbra irrumpió con su rostro imperfecto, narizota y de mirada estrábica en un negocio en el que prima la imagen. Pero además de voz tenía una innata vis cómica que sobre todo quedó bien explotada en la década de los sesenta. Era la nueva Fanny Brice, por voz, por físico, por talento cómico, y le regalaron, precisamente, hacer de la estrella de Ziegfeld primero en Broadway, más tarde en el cine. Aquí aparece haciendo de Baby Snooks, uno de los personajes de Brice más conocidos.

    Fue llegar y besar el santo. Son legendarias sus peleas con William Wyler, reclamando su derecho a dirigir "Funny Girl" como experimentado director que era; y ella reclamando el derecho a dirigirse a sí misma porque había representado ese papel cientos de veces sobre el escenario. Es significativo que su primera canción en el cine fuera "I'm the greatest star" (soy la estrella más grande) y todo ello era un claro indicio de su incipiente megalomanía, no vamos a negarlo.

    La discografía de Barbra excede los 60 álbumes, incluyendo recopilatorios, directos valiosísimos, bandas sonoras... A mí los que más me complacen son los de los años sesenta, porque su voz era salvaje y el repertorio es el que más me gusta. También hay un álbum mítico, "Classical Barbra", de 1976, en el que se da el gustazo de interpretar música clásica con su voz pop. Probad a escuchar su versión de la "Pavane" de Fauré. Ha grabado, a lo largo de 45 años de carrera, dúos con las voces más interesantes del panorama musical (y a veces dudosas, como Don Johnson), pero yo destacaría, como algo menos conocido, el que hizo con Ray Charles para su especial de televisión "Barbra Streisand and other musical instruments"; es una de las más bonitas versiones de "Crying time" que he escuchado.

    En el cine lo suyo ha sido una de cal y otra de arena. A destacar "What's up, doc?", "The way we were" y "Yentl", su primera película (oficial) como directora, además de guionista, productora, actriz y cantante, todo en uno; ignorada en los Oscars, pero no en otros ámbitos, hasta Cabrera Infante ("Cine o sardina") la califica de obra maestra; por no hablar de esa fructífera asociación musical con Michel Legrand ("Los paraguas de Cherburgo", "Verano del 42") y Alan y Marilyn Bergman, sus incondicionales letristas.

    De sus innumerables premios hay que destacar, además del Oscar a la mejor actriz por "Funny Girl", uno como compositora por "Evergreen", el tema principal de ese innecesario remake de "Ha nacido una estrella", uno de sus mayores éxitos económicos. Tiene un Tony, varios Grammys, el AFI,... innumerables discos de oro y platino y récords de ventas y números uno sólo superados por Elvis y los Beatles.

    Está en edad de jubilarse, pero el dólar es el dólar y eso hace superable su conocido pánico escénico. Sus sonoras vueltas al directo quedan registradas en DVD, destacando por encima de todos dos conciertos: uno, el de 1967 en Central Park, ante 135.000 espectadores, da fe de su poder de convocatoria y es probablemente el mejor documento de la magnífica forma en que se encontraba entonces. Otro, el de 1994, nunca ha tenido más dominio técnico de voz y escenario desde entonces. Ahora, después de lós récords de audiencia (y recaudación) de su gira 2006 en USA, ha mencionado su intención de darnos una oportunidad a los europeos, pero hace semanas que no tenemos más noticias. Su voz no es lo que era, pero... sigue siendo muy poderosa y aunque ya no alcanza las notas más altas con la seguridad de antaño, ya quisieran muchas estrellas tenera la cuarta parte de lo que tiene Barbra. Sobre todo, tiene narices.

    Google suspende en Geografía

    0
  • 04 marzo 2007
  • Retroclásica
  • Mi reciente paso por un cursillo organizado por Miramon Digitala sobre la publicidad en Internet y, en concreto, el uso de Google Adwords, me llevó a probar las herramientas que nos mostraron; especialmente porque una se dedica a la publicidad y tiene que estar al corriente de todo.

    Y siguiendo mi lema, “los experimentos, que sean con gaseosa”, decidí analizar este blog con una herramienta gratuita y muy completa de la que te provee el buscador, llamada Google Analytics. Como todo, es gratis porque la finalidad es aplicarla para potenciar el uso de su producto Adwords con el fin de generar tráfico, vender e ingresar millones de dólares; por lo tanto, no pensemos que Analytics es una herramienta fruto del altruismo; en la red y más en la de los gigantes, todo tiene su porqué.

    Después de registrarme y de pegar media docena de líneas de código en la plantilla de esta página que estáis viendo, inmediatamente comencé a ver el comportamiento de ésta, el número de visitas que recibo, los criterios de búsqueda que habéis utilizado y, entre muchos otros datos, el lugar de procedencia.

    Cuál fue mi sorpresa cuando en el mapa geográfico veo un indicador enorme posicionado sobre las Islas Canarias. Al principio, por la escasez de visitas (mea culpa, es la lógica y trágica consecuencia de mi escasez de ideas y de artículos), las estadísticas no arrojaban suficientes datos para sacar alguna conclusión acerca de el tráfico de visitantes de Calle 14. Pero conforme se produjo el pico de mi última publicación (y desesperada llamada a la lectura), deduje que todas esas visitas de San Sebastián de la Gomera eran un error geográfico de los chicos de Google, porque sospechosamente no recibía ni una sola visita de Donostia-San Sebastián. Es raro cuando la mayor parte de mis potenciales visitantes viven en esa área geográfica.

    Esto ha ocurrido con la población canaria, pero podría haber ocurrido con San Sebastián de los Reyes, o con otras ciudades de nombre similar que hay repartidas por el planeta. He escrito en dos ocasiones al servicio técnico de Google y me han respondido que, bueno, que puede ser un problema de IP, de servidor… En fin, no me convence ninguna de las explicaciones que me han dado, de momento no han solucionado el asunto y supongo que su tecnología puede estar reñida con el conocimiento; supongo que problemas como éste se darán con otras confusiones toponímicas y que, en el fondo, no le dan la importancia que tiene con tal de que sigas generando tráfico, impresiones, accesos y todo eso llene las arcas de su tesoro.

    Este mínimo detalle conecta con mi doble sensación acerca de la información en Internet, sobre todo en pleno auge de “Automedios” de comunicación (recomiendo el interesante artículo al respecto en el Ciberpaís del pasado jueves 1 de marzo) en los que a veces es imposible distinguir la veracidad de cuanto se nos cuenta. Existe tanta información correcta como falsa, y el peligro de ciertas wikis está en la calidad de cuanto se agrega a unas bases de datos monumentales y que el público no experimentado puede tomar como bueno. A veces la información está muy poco documentada, las fuentes bibliográficas por lo general brillan por su ausencia. Pero lo peor de todo es cuando un gigante cibereconómico como el mencionado avala y promueve una herramienta que es defectuosa y que, por lo que veo, no ha sido revisada.
    Y todo esto resulta más preocupante cuando uno de los grandes negocios del mencionado buscador es, precisamente, la geografía... Google Earth. Parece evidente que no hay interacción entre los pececillos que el pez gigante está engullendo.

    Ya llega el tío Oscar

    1
  • 20 febrero 2007
  • Retroclásica

  • (En la foto, Walter Matthau recibiendo un Oscar y un beso de Shelley Winters). Por primera vez en muchos años los Oscar me pillan a contrapié, sin haber visto todo lo que debo y quiero ver. Salvo “Babel” y “Little Miss Sunshine”, lo demás lo tengo un poco cogido con pinzas. He visto “Dreamgirls” y me ha parecido un bodrio, y todavía tengo pendientes los dos Eastwood y Scorsese (no tengo perdón). En fin, que me asomo a la gaupasa cinematográfica sin apenas criterio, sin favoritos y pensando en la auditoría que tenemos en la oficina a la mañana siguiente. Total, para ver una ceremonia que cada año se critica por larga, tediosa, previsible y espantosamente americana (qué espera el mundo, que sea más cubana, quizá).

    A los que pasamos la noche en vela viendo los Oscars lo que nos gusta es ver esa capacidad mediática de reunir a las estrellas del momento bajo un mismo techo, recuperar quizá a algún dinosaurio y saber que está ahí, vivito y en directo (oh, adorado Morricone, oh, Sir O’Toole). Nos gusta ver ese potencial para el espectáculo, es Hollywood en directo, con todos los recursos, la precisión, lo imprevisible. Que a veces hasta uno puede reírse con la ocurrencia de un presentador brillante (irrupciones memorables de Whoopi Goldberg disfrazada de Elizabeth I o los espectaculares comienzos de Billy Cristal). Después de un par de presentadores de peso específico específicamente americano (valga la redundancia), llega una mujer poderosa en el mundo de la telecomedia y el talk-show en Norteamérica, suficientemente conocida y apreciada (o detestada) en el resto del mundo. Es Ellen DeGeneres, actriz de comedia tan famosa fuera de los platós por su defendido lesbianismo.

    Supongo que el sentido del humor de DeGeneres (o Ellen, para sus seguidores) es más fresco, menos político, más puramente cómico que el de presentadores que le anteceden, y que han sido menos populares entre la audiencia no norteamericana, desde que Cristal y Goldberg dejaron de conducir la ceremonia. El problema de verla desde el otro lado del charco no es únicamente el desfase horario, que influye, sino también el hecho de que los americanos se suelen contar chistes para sí mismos, juegos de palabras con personajes que no conocemos o no entendemos; en esos momentos la traducción simultánea de Digital Plus ayuda poquísimo, así que opto por escuchar la versión original. Ese humor autóctono sería correcto si los Oscar fueran un premio reducido a su público, como lo son los Goya para el nuestro; pero no nos confundamos, todo el tinglado es puro marketing y los americanos cobran una pasta gansa por vender el espectáculo (me refiero al cine, no sólo a los premios) al resto del mundo, por lo que deberían ser un poco más considerados con la audiencia y ofrecer un humor más neutro o universal, en clave de telecomedia de situación. Por esa razón pienso que DeGeneres puede haber sido una buena elección. No lo sabremos hasta la madrugada del 25 al 26.

    Si se habrán dado cuenta estos yankis del potencial de lo extranjero que hasta ellos mismos presentan candidaturas a películas en habla no inglesa… Aquí estaremos pendientes del donostiarra Cobeaga, entre otros.

    TaTaTaTaaaa TaTaTaaaa...

    0
  • 28 enero 2007
  • Retroclásica
  • Citando al alter ego de Penélope Cruz en los muñecos del guiñol hace unos días en la SER, “Alcorcón es como Hollywood, lo latino y lo español arrasan”. Lo apunto porque me ha hecho gracia, sin más.

    Bien, sigamos con Hollywood y su star-system. Los fans de Indiana Jones seguimos pendientes de George Lucas y Steven Spielberg y sus planes para la cuarta entrega de la saga. Sean Connery está pensando seriamente en abandonar su bien merecido retiro para encarnar de nuevo al Dr. Henry Jones; sólo si el guión le satisface, que quede claro. No puedo imaginar a otro en ese papel; hace unas semanas revisaba Indiana Jones and The Last Crusade y tengo que reconocer que me lo pasé pipa, que no tiene desperdicio y que películas como ésa hacen falta en la cartelera, entretenidas, divertidas, con diálogos inteligentes; vamos, una película clásica de aventuras con todos los recursos Lucas-Spielberg detrás, que por lo general suele ser garantía de entretenimiento; el guión ya está preparado, es de David Koepp, la preproducción en marcha y, si todo va bien, comenzará a rodarse el próximo mes de junio. Los rumores incluyen al habitual del reparto, John Rhys-Davis, la coprotagonista de la primera entrega, Karen Allen, y Natalie Portman, que, como Scarlett Johansson, parece estar en todas partes.

    Si la factoría Dreamworks, los efectos especiales y la cirugía estética no convierten a Indiana en un superhombre, lo lógico es pensar en una película que muestre a un héroe haciendo frente, más que a los malos, a los achaques de la edad. Cosa que ya hizo el propio Sean Connery en 1976, en esa magnífica interpretación de un Robin Hood de vuelta de todo, cansado, herido y enamorado en la inolvidable Robin and Marian (cómo no rendirse ante Marian-Audrey Hepburn). Lo que no puede envejecer en el personaje es el espíritu aventurero, la ironía, la inteligencia, la codicia por el tesoro. Pero, claro, saltar, subir, correr, huír, usar el látigo y no perder el sombrero en el intento tiene que ser más costoso (y a la larga cómico) en un personaje con años y kilillos de más y en declive físico (me remito al mencionado Robin de Connery). Vamos, yo ya no me creería a Indy colgado del cañón de un tanque o en una balsa bajando unos rápidos sin despeinarse. Que Harrison Ford ya no es tan “junior”, vamos, que han pasado dieciocho años desde la última entrega.

    Setenta cumple Vanessa Redgrave, esa grande grande grande del cine y del teatro, de quien mis películas favoritas son Camelot, Isadora y Julia. Todavía la recuerdo en una de sus visitas a San Sebastián, acompañada de Franco Nero y de su hijo en común; en aquella rueda de prensa, Nero, con lágrimas en los ojos, confesó que Vanessa era una de las mejores personas que había conocido en el mundo. Eso no tenemos la oportunidad de comprobarlo personalmente, claro, pero su militancia política y labor altruista han sido reconocidas públicamente y, como actriz, es una de las mejores en activo y de las que están sabiendo envejecer. Recuerdo a Harris-Arturo pensando en Redgrave-Genevere y preguntándose eso de How to Handle a Woman.

    Bennett y Streisand sonríen, Almodóvar no

    4
  • 23 enero 2007
  • Retroclásica
  • Tony Bennett celebra su 80 cumpleaños con un espléndido (como todo lo que interpreta) álbum de dúos que no hace sino recordarnos los dos Duets de Frank Sinatra, su elegante canto del cisne pocos años antes de morir. Cabe apuntar que Bennett era (según leí hace años, pero no tengo nada que lo documente) el cantante preferido de Sinatra. En 1995 tuve la oportunidad de asistir a su concierto en el Festival de Jazz de Vitoria, que ha sido uno de los más bonitos a los que he asistido hasta la fecha.
    Bennett y Streisand tienen algo en común y es que acuden a un repertorio de standards del que cada uno se apropia (porque su voz y su talento se lo permiten) y al que generosamente transmiten su personalidad. No hacen versiones de los temas que cantan, sino que los recrean y los interpretan. Quizá Barbra peque, en los últimos tiempos, de hacer versiones algo pegajosas de todo lo que canta, haciéndonos añorar, sin duda alguna, la pureza y el lado salvaje con que devoraba standards de Broadway en sus primeros álbumes (ha publicado más de sesenta hasta la fecha y recomiendo la revisión de los primeros doce álbumes desde que firmó con la Columbia a principios de los sesenta). Esta vez los dos cantan juntos un tema de Chaplin, Smile, extraído de la banda sonora de Modern Times. Ya lo (a)bordó la diva en The Movie Album (2003) y Bennett ha hecho lo propio en diversos discos desde 1966. La que nos ocupa no es la mejor versión, pero está muy bien producida e interpretada, no deja de ser una joya para coleccionistas. Para aterrorizar a los más tiernos detractores de mi cantante favorita, aquí va un youtube de regalo de la actuación de Tony y Barbra.
    [Streisand sonríe contando la recaudación en dólares de su última gira americana, mientras piensa en hacer caja en euros próximamente...]
    El álbum de dúos de Bennett es impecable, demuestra estar mucho más en forma que McCartney o Sting (ya quisieran ellos llegar así a octogenarios, y con la que le está cayendo a Sir Paul últimamente,…). Los temas y los intérpretes invitados se han escogido con mimo. No hay un solo tema que no nos suene, que no nos guste. A destacar los dúos con dos de mis favoritos, Stevie Wonder, una revisión lenta de esa joyita musical que es For Once In My Life; con James Taylor canta Put On A Happy Face, da gusto escuchar a Taylor, que últimamente pasa un poco desapercibido; y hay una bonita versión de The Shadow Of Your Smile en inglés y español con Juanes – eso me lleva a recordar que he de conseguir, como sea, una copia de la infravalorada The Sandpiper, de Minnelli, o emprender labores arqueológicas y rescatar el VHS de alguna caja apilada en el garaje desde mi última mudanza…
    Última hora. Almodóvar se queda sin nominaciones al Oscar, salvo la de “Pe” Cruz, que lo tiene difícil frente a la favorita Helen Mirren, o a la recordwoman de candidaturas, Meryl Streep (espléndida en la mediocre The Devil Wears Prada), por no mencionar a Judi Dench, que en los últimos años ha acumulado más apariciones en la gala de los Oscars que Bob Hope como presentador (de hecho lo ganó por Shakespeare In Love) – la cosa va de reinas, ahora que lo pienso. Pero ya sabemos que todo es tan imprevisible como previsible, vamos, que hay ediciones en que todo es sorpresa y otras en que todo estaba más que cantado, así que… ya veremos, esta vez la cosa está muy repartida. A lo mejor Streep se alza con su tercera estatuilla, para irse acercando a Katharine Hepburn… Hay dos cortos españoles, uno de Javier Fesser (Binta y la gran idea) y otro del donostiarra Borja Cobeaga (Éramos pocos). Otro español, de Teruel, el compositor Javier Navarrete, está nominado por la banda sonora de El laberinto del Fauno. No está mal, aunque Almodóvar se haya quedado sin Volver al Kodak Theatre.

    Propósitos, rataplanes y las chicas Gilmore

    0
  • 15 enero 2007
  • Retroclásica
  • Ataco de nuevo. No es fácil hacer que coincidan el tiempo libre, la inspiración y las ganas de escribir, de ahí mis prolongadas ausencias. Pero para este recién estrenado año me hago el propósito de frecuentar un poco más este blog. Bueno, el año pasado publiqué más que el anterior, así que por qué no seguir con esta progresión, me pregunto. Es sólo cuestión de disciplina.

    También me he hecho el propósito de comer mejor (y menos y de forma más ordenada), hacer más deporte (bicicleta, piscina, monte) y leer más (algo que no sean ladrillos informáticos, por favor).

    [Breve pausa para reflexionar sobre la autenticidad y credibilidad de todos estos buenos deseos que tenemos para nosotros mismos en plena cuesta de enero].

    Bien, pasemos a los rataplanes. 20 de enero, San Sebastián y tamborrada. Cenita con los amigos, tambores y marchas de Sarriegui. Mi sobrina en la tamborrada infantil. Es una bonita fiesta y los donostiarras la disfrutamos porque sólo dura un día, que ya es suficiente. Cae en sábado, supongo que la ciudad se llenará de gente de fuera.

    [Como la mayoría de vosotros conocéis de sobra la fiesta, no merece la pena desperdiciar tiempo libre, inspiración y ganas de escribir en el asunto].

    Y llegamos a las chicas Gilmore. Me las descubrió Jose y desde entonces las devoro capítulo a capítulo en DVD. Me explico. Gilmore Girls es una serie de televisión de las de culto, ya que por horarios y calendarios ha pasado (y está pasando) por nuestras pantallas como de puntillas (TVE la está emitiendo entre semana, por la mañana). En Estados Unidos van por la séptima temporada* y su continuidad en estos momentos está pendiente de la audiencia, como siempre, y es que llegados a un punto el público es muy difícil de sorprender y se cansa de todo.

    En nuestro país nos encontramos con cinco temporadas editadas en DVD. La sexta ya se puede descargar de Internet (me apunta Jose que en dual). Y no tardará en llegar aunque sea sólo en versión original la séptima. Es importante eso de la dualidad lingüístico-sonora, porque es una delicia la versión original, pero los diálogos son tan rápidos e irónicos que hay que estar atentos a la versión doblada para captarlo todo y no perder ripio (por otro lado, la versión en español está bastante lograda).

    Puestos a describir la historia de las Gilmore, Lorelai madre y Lorelai (Rory para todo el mundo) hija, son dos chicas jóvenes y valientes que viven en un (supuesto) pueblo de Connecticut, Stars Hollow, que para que nos entendamos es como el añorado Cicely de Doctor en Alaska versión Nueva Inglaterra. Vamos, un microclima con personajes pintorescos, cada uno con su carácter, su mundo, sus neuras, sin desperdicio. Los diálogos son estupendos, las situaciones a veces rozan lo hilarante, la historia ha ido in crescendo desde el primer capítulo. Hay que destacar el buen trabajo no sólo de sus protagonistas, Lauren Graham y Alexis Bledel, sino también de toda la legión de secundarios que pueblan ese pequeño cosmos tan particular entre Hartford y Yale.

    Ya voy por la quinta temporada*.

    *Temporada. Hasta hace bien poco era un concepto muy poco usado por la audiencia en el sentido televisivo. Ahora todos decimos “me he bajado la cuarta temporada de Friends” o “ya ha salido en DVD la segunda de Perdidos”. Será porque nuestras teles nos tenían tan acostumbrados a mostrarnos todas esas series de manera desordenada, sin continuidad, casi aleatoria y con repeticiones; vamos, como se emiten los Simpson por Antena 3. Ahora que el mundo audiovisual se ha dado cuenta del gran filón que hay con la comercialización de las series de TV, se ordenan por temporadas, y éstas hasta por capítulos. Ay, la ciencia adelanta una barbaridad…

    Todo Lubitsch (y II)

    2
  • 16 octubre 2006
  • Retroclásica
  • Qué mas contar acerca de Lubitsch. Que resulta ciertamente increíble que exista gente que no lo conozca, ni a él ni a su mejor discípulo, Billy Wilder. Parece increíble, pero es cierto, hay gente que ignora la existencia de “Dios” (Trueba dixit). Este año he conocido a ciertas personas que así me lo han confirmado.

    Ver un ciclo como éste ayuda a certificar a Lubitsch como inventor de la comedia sofisticada, la que tan bien han cultivado Wilder, Cukor, Hawks, Sturges o Stanley Donen (mi sofisticado favorito). No sé qué ocurre ahora en el mundo del cine, en el que la comedia es un género que ha concluído en el subgénero “acumulación de gags” (por lo general de mal gusto). Creo que mi última comedia favorita es de finales de los ochenta, “When Harry met Sally”, y eso a pesar de que Billy Cristal nunca fue santo de mi devoción y Meg Ryan me resulta antipática. Para divertirme últimamente prefiero ver comedias argentinas que nada tienen de sofisticadas pero que son inteligentes y divertidas, o series de televisión como las “Chicas Gilmore” que me han atrapado con sus diálogos delirantes repletos de ironía y de homenajes a muchas de mis películas favoritas.

    Dónde estará el “toque Lubitsch”, me pregunto. Es decir, todo lo que se expresa con la elipsis, con el gesto, con una mirada, con un objeto en un lugar inesperado, con una frase surrealista y que al evolucionar hacia el “toque Wilder” sólo ganó en dosis de poder corrosivo. Creo que no queda nada de eso en el cine actual. Vi “El diablo viste de Prada” y me pareció un divertimento estupendo para una tarde de sábado y sofá, un vehículo de lucimiento para la Streep (que resulta grande en comedia) y poco más. Y dar gracias a que el humor no se basa en el ridículo ni en lo escatológico y que, de vez en cuando, salta una frase inteligente a la que agarrarse como a un clavo ardiendo. Pero todo en ese cine es previsible, copiado y repetido hasta la saciedad, no tiene nada de original. Mientras, Lubitsch es capaz de hacer reír al ritmo de “Heil” o recitando a Hamlet, consigue hacer reír a la Garbo y que el cine entero se ría con ella.

    El toque Lubitsch presupone y cuenta con la inteligencia del espectador. Es la fórmula mágica. La comedia de hoy es burda porque muchas veces se piensa que el público es tonto y hay que dárselo todo pensado. Viendo una obra de Lubitsch el espectador entra dentro de la trama, la asimila, va sumando uno más uno, más uno… y el resultado de la ecuación no sólo es una sonrisa o una carcajada, sino una sensación de que el autor ha contado con quien se sienta en la butaca y ha sabido conquistarlo.

    Todo Lubitsch (I)

    4
  • 01 octubre 2006
  • Retroclásica

  • Es inútil, si ya a diario me parece dificilísimo mantener una bitácora, durante el festival es imposible intentarlo. Aunque hay gente que es capaz de hacerlo trabajando tanto como yo. Os recomiendo las crónicas de mi amigo Iván desde el festival, visto por un zaragozano que también trabaja a destajo en esto del cine. Me encantan su visión de mi ciudad y sus relatos de cuanto ocurre dentro y fuera del cine.

    Por mi parte, cualquier intento de contar el día a día ha sido en vano, y ahora tampoco me voy a poner a hacer un recuento de cuanto he visto. Después de un rato de bici, otro de playa y otro de siesta, por fin puedo pensar en los diez días precedentes y hacer balance. Una restrospectiva estupenda pero un esfuerzo muy grande; algunas actividades añadidas dentro de la retrospectiva y un catarro incontrolable han hecho que lleve una semana entera luchando con los coletazos del verano, con el aire acondicionado de las salas y con el cansancio.

    La filmografía de Lubitsch se divide dos veces en dos: el cine mudo y el cine sonoro, por un lado; y la faceta alemana y la americana por otro. Lo que todos hemos podido conocer gracias al video y la televisión es el cine sonoro en la etapa americana. Así, quién no ha visto "To be or not to be" ("Ser o no ser"), "Ninotchka" o "The shop around the corner" ("El bazar de las sorpresas"). La primera, por cierto, recién reeditada en DVD, aunque la copia digitalizada no sea precisamente una maravilla (es lo que pasa con esas ediciones de baratillo). En mi videoclub habitual la copia estaba retirada de la estantería, aunque si una la pedía se la bajaban del almacén. No sé si con la retrospectiva la habrán recolocado en su estupenda sección de clásicos.

    En la web de una conocida cadena internacional asentada hasta en Donostia, sólo aparece este título reeditado y "That uncertain feeling" ("Lo que piensan las mujeres", curiosa versión del título en español), que hace tiempo que habita en mi videoteca y que si ya me parecía flojita, ahora me lo parece mucho más. En el videoclub también está "Cluny Brown" (de la que me quedo con el pequeñísimo pero divertido papel de la madre del farmacéutico). Y en Amazon.com pueden encontrarse otros títulos, de hecho hace tiempo que tengo la edición americana de "The shop around the corner", mi Lubitsch favorito.

    Y poco más a nuestro alcance digital. Una pena. Me muero por una copia de "Bluebeard's eighth wife" ("La octava mujer de Barbazul"), que la tenía vista hace siglos por la tele pero que la vi como si fuera completamente nueva hace sólo dos días. Al menos puedo encargarme la última que vi ayer, "Heaven can wait" (no voy a dar el título en español, porque me parece una faena), que no tiene desperdicio aunque termine siendo excesivamente sentimental.

    En mi ranking, mención especial para "If I had a million" ("Si tuviera un millón"), una colección de historias en la que Lubitsch aporta la más breve, gráfica e irónica, "The clerck" ("El oficinista").

    Y hasta aquí puedo contar hoy. Prometo contar más.

    Lubitsch on the rocks (Ya llegó el Festival)

    0
  • 22 septiembre 2006
  • Retroclásica

  • Ya ha llegado otro Festival de Cine. Con éste van once en mi cuenta particular. Y si cada año encuentro algo nuevo, interesante, un aliciente, supongo que después de la presente edición va a ser muy difícil superar el listón. Porque Lubitsch me lo coloca muy alto.

    Acabo de llegar de mi maratón particular. He visto ocho películas mudas, seguiditas, y a pesar del tiempo pasado en la misma butaca, en ningún momento he sentido sueño, ni ganas de bostezar. Y eso que lo que hemos visto es "flojito".

    Sugiero a mis amigos que se pasen por el cine y prueben la experiencia de ver una de estas joyitas del cine mudo con piano en directo. Hay dos pianistas estupendos (Javier y Josetxo) y con mucha experiencia en acompañamiento de películas e improvisación. También tenemos cine sonoro, claro que sí, y este viernes no me pienso perder una de las joyas de la comedia de todos los tiempos: "To be or not to be" (Heil myself!). Es una comedia hilarante que sigue provocando la carcajada no importa las veces que la hayamos visto. Carole Lombard en la plenitud de su carrera.

    Ya en estas tempranas películas vemos pinceladas de lo que serán sus obras cumbre: la ironía y el equívoco, las frases mordaces en el momento justo. Y también deja transparentar pequeños detalles autobiográficos: cierto complejo físico compensado con su iniciativa, con valentía, el hombre hecho a sí mismo. Lo de hoy ha sido un aperitivo y en los próximos días nos vamos a dar un gran festín cinéfilo.

    Hago balance de lo proyectado hoy:

    Mudas:

    • Als ich tot war / Wo ist mein Schatz?
    • Schuhpalast Pinkus
    • Wenn vier dasselbe tun
    • Das Fidele Gefängnis
    • Ich möchte kein Mann sein
    • Die Augen der Mumie Ma
    • Carmen

    Sonoras:

    • The Love Parade
    • Monte Carlo

    No está de más visitar la página web del festival, www.sansebastianfestival.com

    No prometo muchos informes como éste, acabo agotada después de tanto cine y me conozco, la euforia comunicativa tiene más caducidad que un danone. Pero daré señales de vida de vez en cuando.

    Bofetadas y otros naufragios

    2
  • 04 septiembre 2006
  • Retroclásica

  • Hay dos bofetadas que han pasado a la historia, trascenciendo la propia historia del cine; las que se propinan mutuamente Glenn Ford y Rita Hayworth en “Gilda”. Una película que será recordada tanto por eso como por el insinuante número “Put the blame on mame” interpretado por la entonces esposa de Orson Welles.

    Margarita Carmen Cansino, o Rita Hayworth, murió hace ya unos lustros tras sufrir un rápido deterioro físico y psíquico. Glenn Ford acaba de fallecer a los 90 años y, para romper maleficios, muchos años después de haber pasado por el Festival de Donostia, de donde parecía que no había forma de echarle por lo que cuentan las crónicas. Así que Ford, por una vez, ha roto la leyenda negra que nos acompaña.

    Tengo imágenes del actor variopintas, la más fresca, la revisión de “Cimarrón”, de Anthony Mann, en el Festival de 2004. Quién no recuerda al padre de Clark Kent cayendo fulminado por un infarto. Después, siempre lo imagino de matón o de vaquero sudoroso, como si todo lo que hubiera hecho fuera cine negro o westerns. Revisando su filmografía veo mucho film para televisión que no habrá pasado por nuestras pantallas, pero también películas de Richard Brooks, Fritz Lang, Mitchell Leisen, o Minnelli (“Los cuatro jinetes del Apocalipsis”).

    Cambiando de asunto, me gustó “Poseidón” por corta, ir al grano y ser entretenida. Sin más. También “El próximo Oriente” de Fenando Colomo merece una sentadita en el cine, con los excesos de toda comedia, pero con suficiente naturalidad como para abordar con sentido del humor un asunto tan actual como espinoso, la convivencia con los inmigrantes. Y vaya desde aquí mi recuerdo a "La aventura del Poseidón", de 1972, revalorizada y añorada, con la inolvidable secuencia de Shelley Winters buceando.

    Y la que escribe esto, en capilla, preparando el ordenador para el próximo Zinemaldia. Pero de eso hablaré en breve.

    Plutón también existe

    3
  • 25 agosto 2006
  • Retroclásica

  • Los astros, como las personas, a veces no dan la talla. Cuando lo descubrieron parece ser que el estándar planetario admitía a los más pequeños, o es que a lo mejor, en 1930, no fueron capaces de darse cuenta de que se trataba de un asteroide sin más. Al día de hoy, los astrónomos que habitan esta oronda Tierra acaban de decidir que Plutón ya no es un planeta. Qué pena, con lo bien que quedaba acabar la lista del sistema solar con una palabra aguda: “…y Plutón.”

    Me pregunto qué va a pasar con todos aquellos que tengan “la luna en Plutón”, con su definición en los diccionarios, las entradas de las enciclopedias, los libros de astronomía, los de astrología, las webs, los blogs, las wikipedias… Uf, ¿merece la pena? Acaso, pienso, no deja de ser una operación de marketing para reactivar el mundo editorial y audiovisual, recalcular millones de cartas astrológicas, reinventar el horóscopo y que todos los plutonianos, de repente, cambien de carácter.

    El pequeño Plutón rota en los límites (que sepamos) de nuestro sistema solar, solito, dando una vuelta alrededor del sol cada 250 años y con una inclinación y órbita ligeramente diferentes al resto, muy ajeno a las clasificaciones y mediciones a las que se ve sometido. Ni siquiera sabe que le pusieron el nombre del dios latino de los infiernos (Pluto), permanece ignorante de la existencia de quienes le han enviado la sonda “Nuevos horizontes” que puede se acerque con éxito a conocerlo; ignorante incluso de su pertenencia a un sistema solar, a una galaxia, a un universo. Y es que es más pequeño que la luna, o que Xena o UB313, el último planeta descubierto en nuestro sistema. Ay, “de fuera vendrán, que de casa te echarán”.

    Está claro que el que no da la talla y va a su bola queda fuera de órbita. Pobre Plutón, pelotilla marginal de nuestro ordenado sistema.

    WHO are you, who-who, who-who?

    0
  • 16 agosto 2006
  • Retroclásica

  • 29 de julio, Zaragoza. Guiadas por el entusiasmo de nuestra amiga Mónica nos hemos presentado en un ti-ta en la capital maña para disfrutar de un gran concierto. Un sol de justicia nos recibe en la plaza de la pilarica, pero el recinto del concierto nos abraza con aire acondicionado y cerveza fresquita. El escenario es enorme y unos teloneros que se valen de guitarra, bajo y batería para dar caña auguran una velada inolvidable.

    Así fue. Roger Daltrey y Pete Townshend, entraditos en la sesentena, están en plena forma y nos ofrecen dos horas, dos, de fuegos artificiales musicales, porque así es como viví yo el concierto, como si estuviera contemplando boquiabierta una traca final de dos horas desde Alderdi Eder. No podíamos contenernos, había que saltar, bailar, corear las canciones. Nada más lejos de las recientes decepciones de los Rolling, salvo que la gente de Barcelona vio cómo se esfumaba su cita con The Who, si bien Zaragoza brindaba una segunda oportunidad.

    A los que nos acercamos de refilón a Daltrey y Townshend el concierto nos sorprendió y enganchó. Hasta tal punto que tengo preparadas “Tommy” y “Quadrophenia” en mi videoteca para su revisión, no importa si el tiempo y las modas han hecho mella en ellas, pero para volver a vivir esa intensidad musical de hace un par de semanas. A decir verdad, estoy deseando volver a ver “The pin-ball wizard”, ese duelo Elton John-Roger Daltrey.



    Ni que decir tiene que a los fans y “mods” que poblaban de camisetas el recinto el concierto les entusiasmó, “es el mejor concierto que he visto”, se repetía. El público heterogéneo, joven y maduro, estaba completamente entregado. A veces coreaban el nombre del batería, un tal Zak Starkey, sí, hijo del mismísimo Ringo Starr, y que en realidad dice haber aprendido todo lo que sabe del propio Keith Moon, uno de los dos miembros de la formación original ya fallecidos.

    Lo confieso, a estas alturas (del verano y de la vida) me he convertido en una fan de The Who y si cumplen su promesa de volver el año que viene a Barcelona, seguro que la expedición donostiarra allá volverá gritando la consigna: WHO! WHO! WHO! WHO!

    Mel, melón

    2
  • 04 agosto 2006
  • Retroclásica
  • Hace mucho tiempo que el señor Gibson me cae muy gordo (pero que muy gordo, por eso omito su fotografía). Tan mal me cae este hombre que he decidido clasificarlo como mal actor, por tirano, machista, homófobo, hipócrita y, ahora, además, anti-semita. Por fin un grupo de personas de Los Ángeles ha decidido hacer una campaña anti-Mel.

    Retrocedamos unos días... Ya teníamos todos asumido el ultra-catolicismo de Mel, y hasta hace unos días sólo era público su vicio oficial de fumador empedernido, pero no se había publicitado su adicción al alcohol (ay, Mel, eso también es pecado) hasta que ha sido detenido por conducir ebrio. Cuando fue detenido por la policía parece ser que perdió la compostura y comenzó a insultar a la comunidad judía. Sus publicistas se han apresurado a anunciar que acude a rehabilitación, para calmar un poco los ánimos, dado que la comunidad judía es la que controla una buena parte del negocio que le da de comer a "Braveheart". Y es que va a ser francamente difícil de rehabilitar, dado que de todos es conocido que un borracho es de lo más sincero, y que sus comentarios anti-judíos no son fruto de la enajenación, sino de la plena convicción.

    Así que las reacciones no se han hecho esperar: aunque la comunidad judío-hollywoodiense ha aceptado la disculpa de la estrella, se ha producido una reacción anti-Mel. Algunos periodistas-alarmistas (supongo que dirigidos por la mano del publicista) apuntan al hecho de que el alcohólico Mel trataba de suicidarse (si conducir a 80mph-135Km/h donde marca 50mph-85Km/h es tratar de suicidarse, deduzco que el mundo está lleno de suicidas sobre ruedas). Mientras tanto, estrellas (porque no se le puede llamar actor) como Rob Schneider reniegan públicamente del australiano y un grupo de ciudadanos de L.A. busca una valla publicitaria en pleno Sunset Boulevard para protestar contra el anti-semitismo en general y particularmente contra Gibson. Sólo que la industria ha ganado muchos dólares con este señor y ahora se ve en la encrucijada: perdonarle o comerse el Mel-ón.

    Antes de terminar, apuntar la reciente desaparición de un secundario de lujo: Jack Warden. Así, el nombre a muchos no les dice nada, pero la foto hará que lo reconozcamos por sus innumerables apariciones en cine y televisión. Fue nominado al Oscar (cuando eso era algo significativo) por dos películas, Shampoo y El cielo puede esperar, en ambas junto a Warren Beatty, y podemos recordarle en Todos los hombres del presidente (en la foto) y De aquí a la eternidad. Era de esos actores imprescindibles para aportar credibilidad, fuerza y humor, de los que "ya no se fabrican".

    Sopormán

    0
  • 31 julio 2006
  • Retroclásica

  • Una lleva una temporada intensa de conciertos (de los que tengo que hablar más adelante, por cierto) y ayer, recién llegada del que ofreció THE WHO en Zaragoza, pensé que apetecía refugiarse al fresquito de un cine y dejar descansar la neurona viendo algo poco sesudo y supuestamente entretenido como Superman Returns. Craso error.

    Vaya rollo que nos cascan con la vuelta del hombre de acero, que más que metálico parece de plástico. Demasiado maquillaje, demasiado retoque digital para acentuar el parecido con el superhéroe de Christopher Reeve (parecido sólo evidente a ratos tras las gafas del pobre Clark Kent). Se echa tanto de menos la tensión sexual entre Superman y Lois Lane... La intrépida reportera, que aquí llega de la mano de una especie de doble de Norah Jones descafeinada. Dónde andará Margot Kidder...

    Sopormán es capaz de hacerte dormir en la butaca por la falta de emoción, sólo conseguida en la fanfarria del comienzo y en la del final gracias a los acordes del tema compuesto por John Williams, única contribución del genio a la banda sonora de John Ottman, muy floja. Atrás quedan los años en que esos acordes acompañaban a la fulgurante transformación del torpe Clark en el hombre del pijama azul dentro de una cabina telefónica, la sonrisa irónica en el rostro de Reeve, las torpezas, las puyas, el rubor inconfundible o la capa roja, que ahora resulta granate.

    Este Sopormán de plástico no transmite nada, ni entretiene, es que ni el Lex Luthor de Kevin Spacey es tan villano ni tan divertido como lo fue el de Gene Hackman. Y hay robos descarados a otras películas, desde "La bella durmiente" hasta "Con el agua al cuello", pasando por "Titanic" o por "Superman. The Movie" mismamente, en la que Luthor quería destruir la costa Oeste, sólo que el nuevo malandrín intenta ahora hacer lo propio con la costa Este americana, pero por si fuera poco incluso proyecta hacer desaparecer media Europa, península ibérica incluida.

    Lo peor de todo no era ya en sí la película, sino la propia proyección (que duró dos horas y media, toda una tortura), en la sala de Donostia que más detesto (Bretxa 8), completamente DESENFOCADA, rayada de cabo a rabo por el lateral izquierdo, un sonido de espanto, vamos... y el ticket más caro de la ciudad, por cierto. Para salir y toparse con unas escaleras sucias y cutres, las paredes plagadas de graffitis, y ese olor desagradable de los rincones; vamos, como para solicitar el libro de reclamaciones (¿se merece el espectador que el "servicio al cliente" se acabe allá donde te cortan la entrada?). Menos mal que nos recuperamos en Va Bene con una hamburguesa (la ocho, mi favorita).
     
    Copyright 2010 Calle 14