Calle 14: Dublín
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I'm still here

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  • 28 octubre 2007
  • Retroclásica
  • Este artículo se lo dedico a mi amigo Eneko, fan sin fin de este blog, que me pregunta cada día que me ve a qué espero para seguir escribiendo. Yo también me lo pregunto.

    Me falta el tiempo, la tranquilidad, las ideas, la imaginación. La verdad es que llevaba un buen ritmo de camino a Dublín, pero quienes me conocen saben que un sustillo familiar durante el inolvidable fin de semana Streisand hizo que me centrara en otras cosas y que perdiera en cierto modo mis ganas de comunicarme.


    Pero estoy aquí, todavía estoy aquí, como dice la canción de Stephen Sondheim (¡de rodillas!).

    Así pues, pasaré volando sobre la parte positiva del concierto; Barbra es de carne y hueso, diva inalcanzable pero humana como todos. Estuve a tres metros de ella, a veinticinco años de fidelidad, a siete minutos de entrevista, a una cena de hacer amigos, a dos horas de éxtasis musical, a un arcoiris de milagro meteorológico.

    (Las fotos del concierto... salieron de mi Olympus, increíble pero cierto, fijaos qué cerca estuve). Os cuento que está fondona pero sexy, de vuelta de todo pero feliz; que ha perdido voz pero tiene más de lo que quisieran otras, que no se sale del guión pero sigue haciendo de sus conciertos algo divertido, que no es una show-woman pero llena el escenario y es capaz de hacer que 20.000 personas caigan rendidas a sus pies. Hice varios amigos, docenas de fotos, decenas de malas fotos, kilómetros por las calles de Dublín y viví con auténtica ansiedad las horas antes del concierto en Castletown House. La organización (señalización, ubicación, control) fue un desastre; un concierto al aire libre en un lugar donde llevaban 30 largos días de lluvia, y a unos cuantos kilómetros a las afueras de la ciudad peor comunicada de Europa.

    No sé si tiene algo que ver; fue ver llegar el helicóptero de Barbra a la prueba de sonido y parar la lluvia; el arco iris nos acompañó durante un buen puñado de canciones. Y no volvió a caer una sola gota hasta que salimos de vuelta a Dublín.

    Han pasado más de tres meses después del concierto; lo recuerdo todo, pero a veces dudo si fue un sueño del que me desperté nada más aterrizar en Donostia.

    Os voy a pegar aquí una divertida parodia de Barbra que hace Joaquín Reyes en La Hora Chanante. Es genial... Monty ha hecho que me aficione a youtubear en busca de los "Testimonios" de Chanante y "Celebrities" de Muchachada Nuí.


    El verano seguía sin dejarse ver por las calles de Donostia; sabíamos que era julio porque sonaba jazz en la Trini. El festival se cerraba con Elvis Costello. Una señora decía "no me extraña que la rubia [Diana Krall] no lo suelte, está en plena forma el tío".

    Aunque oficialmente es otoño, para mí el verano se prolonga con el Festival de Cine. 47 películas de Henry King en el bolsillo, mucha disciplina en el trabajo y en la butaca de la sala 2 del Príncipe, que en estos doce años es como mi primera casa cada mes de septiembre. Buen ciclo, buen cine, quizá el año pasado Lubitsch me dejó más satisfecha, pero este año también he podido descubrir películas estupendas. La versión muda de "Stella Dallas", por ejemplo. Ver a Deborah Kerr en "Beloved Infidel" fue un excelente adiós en cinemascope y tecnicolor a una de mis actrices favoritas. Cruzarme dos veces con Liv Ullman por los pasillos del cine y recibir un "Hi, good to see you" sonriente y educado. Hablar de Henry King con Olga en la radio. Siempre hay algún motivo extra por el que recordar el festival con cariño.

    Vuelta a la mina. Oficina, trabajo acumulado, lecturas atrasadas, más cine. Salí satisfecha después de ver "Un funeral de muerte". Necesitaba una película así con la que llorar de risa. O en casa, revisando la obra de Harold Lloyd. Vamos, que sigo aquí y sin tiempo para el aburrimiento.

    Dublín, víspera y 13

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  • 14 julio 2007
  • Retroclásica
  • Qué viernes trece más largo. Qué tráfico el de Dublín. Casi me ha costado más llegar al hotel desde el aeropuerto que desde Vitoria a Dublín. Y la lluvia. Pero aunque está cubierto de nubes, la luz y los minúsculos claros del cielo prometen. Ojalá mañana haga un día bueno. Vamos, que no llueva y con eso me conformo. Una está acostumbrada a la lluvia, pero mañana es mi día y sería perfecto si saliera el sol.

    Acabo de aterrizar de nuevo en el hotel después de cenar y pasear por las calles más bonitas de Dublín con Charo. Ella lleva aquí poco más de año y medio, y ya se le nota la condición de dublinesa porque sólo se da cuenta de lo turístico de Dublín cuando se lo muestra a sus invitados. Es lo que nos pasa a todos los arraigados a un lugar concreto, que lo vemos como el espacio habitual en el que vivimos, trabajamos, desarrollamos nuestra rutina; pero cuando vienen los amigos de fuera ese espacio cambia, le buscamos la belleza que hay que mostrar al forastero y presumimos de ella.

    Con el cansancio a veces confundía los edificios y las calles de Dublín con las de Boston. El ladrillo rojo de las fachadas, los carteles de las tiendas y las tabernas, las entradas con sus escaleras, los forjados, las verjas… todo me sonaba a algo y ese algo está al otro lado del charco. Por algo se llamará New England, claro.
    Los pubs, los restaurantes son lugares en los que acampar cómodamente. Hay vida. La gente se mueve y alterna. Esto está mucho más vivo que mi ciudad. No sé, hay algo que llena todos los locales, gente muy peripuesta o lugares vestidos para la ocasión. Estoy segura de que en esta ciudad podría sentirme a gusto si no pudiera quedarme en Donostia.


    El hotel es bonito, limpio, cómodo. En el centro de Dublín, junto a St. Stephen’s Green y cerca de The Merrion. Las vistas, pese a ser de una habitación de las más “asequibles”, son muy agradables. Tejados, unos más bonitos que otros, nubes, verde. Puedo escuchar a las gaviotas – mal rollo, porque cuando buscan refugio tierra adentro es porque viene mal tiempo. Y ahora por la noche puedo ver las luces del edificio que hay enfrente, en los ventanales puedo ver que se acumulan cientos de papeles, libros, carpetas, archivadores, era más evidente antes de anochecer, ahora quedan algunas ventanas con luz, quizá alguien esté limpiando las oficinas.

    Aquí no falta de nada, pero la sorpresa más agradable es el equipo de música. Hay una cadena de radio sintonizada que antes de salir a cenar ha emitido música de Haendel y Tchaikovski. Ahora hay un programa de jazz de ésos que invitan a pegarse un baño de espuma, prepararse una copa de algo suave y dejarse caer sobre la cama para descansar. Y mañana, Castletown House, en Cellbridge. No puedo creer que me lo esté tomando con tanta tranquilidad, serán los termalgines con los que he desayunado esta mañana o la migraña que no cesa…

    Ticket to ride

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  • 13 julio 2007
  • Retroclásica

  • Haciendo honor a la canción de los Beatles... Aquí va el papelito tan esperado. No hay tiempo para más escritura, acabo de cerrar la maleta, me muero de sueño.

    IMPUNTUALIDAD BRITÁNICA

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  • 10 julio 2007
  • Retroclásica
  • El viernes me voy a Dublín y todavía no tengo la entrada para el concierto, ese evento tan esperado durante más de veinte años. Estoy cansada de las largas que me dan los de la organización, Mark Butler Associates (Londres), que sí que fueron eficientes y británicamente puntuales para apresurarse a cobrar y enviarme la factura después. Primero prometieron que enviarían la documentación (un pase vip y supongo que la agenda de eventos a los que tengo derecho a asistir) quince días antes de la fecha. Hoy es martes, 10 de julio, el evento es el próximo sábado 14 y yo me estoy comiendo las uñas y acordándome de los familiares del Sr. Butler y sus asociados. Porque todo esto llevaba un plus de envío urgente a través de DHL. Y yo llamando a la empresa de transporte y allí no saben nada.

    Ay, yo pensaba que la espera se me iba a hacer eterna. La espera del concierto. Pero la fecha se me echa encima, tengo avión y hotel, tengo amiga residente en Dublín dispuesta a compartir una Guinness y a patearse la ciudad conmigo (Chariniiiii... allá voy...), tengo la promesa de contar la aventura a mis íntimos cuando vuelva pero me falta eso, lo fundamental, una entrada que me ha costado un ojo de la cara y que no llega, no llega y NO LLEGA.

    Después hay que aguantar que los de las islas se rían de los que vivimos a este lado de los Pirineos. Y es que si en mis tareas cotidianas (y vosotros en las vuestras) incumpliera de semejante manera, hace tiempo que tendría el chiringuito cerrado.

    Estoy cabreada y disgustada, no puedo evitarlo. Eso sí, espero que mi próximo post sea alegre y se nutra de la adrenalina de toda esta aventura, el cabreo y el disgusto se habrán esfumado. Hasta la semana que viene.
     
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