Qué decir de esta canción o de
Simon & Garfunkel que no sepamos... O de
El graduado, una película por la que han pasado los años pero que, en lo esencial, no pierde su mala leche. La canción con el tiempo ha ganado. Cada vez que la escucho, veo a un Hoffman pardillo contemplando atónito y sudoroso la pierna de
Anne Bancroft (qué grande ella, o la pierna, o las dos), o le escucho gritando desesperadamente "¡Elaaaaaiiiiiiiine!".