Calle 14

El toque Lubitsch

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  • 23 diciembre 2011
  • Retroclásica

  • Acabo de hacer una lista de películas imprescindibles para la navidad (para hacerla más llevadera para aquellos que la aguantamos poco) e, indiscutiblemente, me han entrado unas ganas irrefrenables de revisar una película de las que veo, como mínimo, cada dos años.

    Ver una película de Ernst Lubitsch es, para mí, un acontecimiento que va más allá del simple hecho de poner un deuvedé casero. He tenido la suerte de ver todo Lubitsch (todo el que se conserva) en una sala de cine; todo: el mudo y el sonoro, la etapa alemana y la americana (que es la que más o menos conocemos todos) y de conocer unos pocos detalles de la mano de Nicola Lubitsch, la hija del director, que era una niña cuando éste murió en 1947 (pocos meses después de que le dieran el Oscar honorífico que muestra en la foto).

    Por suerte, la filmografía de Lubitsch está en buenas manos y se ha ido recuperando poco a poco. Especialmente apreciable el esfuerzo por editar la colección "Lubitsch en Berlín", con el impagable documental del mismo título dirigido por Robert Fischer, quien también pasó unos días en Donostia para presentarlo durante la retrospectiva. Así, ya no es necesario esperar a que algún alma caritativa recupere en un cine club obras como "La princesa de las ostras", "Sumurun" o "Carmen".

    El paso de Lubitsch a Hollywood propició que ese talento para la comedia, ese lenguaje nuevo que empezaba a perfilar ya en sus comedias europeas, se beneficiara del sentido del espectáculo que en los años treinta, con el sonoro, la industria americana del cine había empezado a explotar.

    Desde mi punto de vista, "el toque Lubitsch" es uno de los mayores ingenios del cine (y, por extensión, del teatro). Como cuenta Nicola, consiste en "la inteligencia del espectador", con la que el director cuenta de antemano. Esa inteligencia que no necesita parafernalias, ni que le expliquen mutis, elipsis narrativas, o tramas enrevesadas. El toque Lubitsch está llevado al extremo en una de las historias más cortas rodadas por el autor, el episodio "The clerk" de la película "If I had a million" ("Si yo tuviera un millón", varios, 1932): Charles Laughton haciendo lo que la mayoría de los ciudadanos desean hacer cuando recibe un dinero generoso e inesperado. (Quien quiera saberlo, que vea la película, no voy a restarle la gracia al asunto).

    Una navidad ideal sería aquella en la que revisar la filmografía de Lubitsh. Un empacho de buen cine en toda regla; encerrarse en casa con o sin familia, y ni comer, ni cenar, ni llamadas de felicitación, ni vecinos cantando villancicos. Pero viendo que eso es una idea inalcanzable, si tengo que escoger una sola película para ver tranquilamente en Nochebuena con mis padres, ignorando deliberadamente los falsos festejos televisivos, ésta va a ser "El bazar de las sorpresas" ("The shop around the corner" 1940). Una historia que denota la formación teatral de Lubitsch en Berlín, que no necesita más que de las cuatro paredes y algunas puertas de la tienda del señor Matuschek (Frank Morgan); un próspero negocio de regalos en plena campaña de navidad, en el que trabajan el eficiente Alfred Kralik (James Stewart) y la romántica Klara Novak (Margaret Sullavan), quienes, ignorándolo, están viviendo un romance epistolar paralelo a su mala relación laboral. Cartas manuscritas y selladas que vienen y van, citas a ciegas en el otro escenario importante de la película, el café, con un libro y una flor como forma de identificar al otro.

    Una trama aparentemente inofensiva pero que Lubitsch aprovecha para administrar su dosis de ironía, de humor corrosivo, donde cabe la infidelidad, hay un hueco para el trepa, el pelota; donde la gente se equivoca y puede ser cruel; pero cabe también una recompensa a la lealtad, donde errar es humano y perdonar también. Quizá en manos de otro director con menos personalidad hubiera resultado otra empalagosa comedia romántica. No, Lubitsch inventó la comedia sofisticada, ligeramente inspirada en los vodeviles teatrales en los que el equívoco era el rey de la trama, y que con las posibilidades del cine (y, obviamente, con todo su talento) llevó a su máxima expresión.

    Una historia del Bronx

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  • 16 noviembre 2011
  • Retroclásica
  • "A Bronx Tale". Robert De Niro, 1993.


    El Bronx, Nueva York, años 60. Lorenzo es un conductor de autobús a quien le cuesta un esfuerzo y muchas renuncias mantener a su familia. Trata de educar a su hijo de nueve años, Calogero, para ser un ciudadano honrado. Pero viven en un barrio en el que impera la ley de la calle, y en una zona dominada por un gángster ilustrado, Sonny. Un día, Sonny mata a una persona en presencia de Calogero, quien le encubre, lo que le lleva al mafioso a convertirse en su protector.


    Calogero emprenderá una doble educación a partir de entonces: la que su padre le da para que "no malgaste su talento", es decir, para que se gane la vida de forma honesta, y la de la ley de la calle, las tentaciones y el dinero fácil representada por Sonny. Lorenzo nunca verá con buenos ojos esa admiración que su hijo siente por el gángster, pero él mismo no es perfecto y también terminará aprendiendo otros valores de su hijo.

    Dos puntos de vista opuestos sobre la ética o la falta de ella, la amistad, la lealtad, los valores de las personas y el crecimiento en un entorno nada fácil.


    Ópera prima de De Niro como director (que encarna aquí a Lorenzo), podríamos decir que es un brillante debut en el que se nota la huella que en él ha dejado Martin Scorsese, con quien ha trabajado en películas como Taxi Driver, Uno de los nuestros, Toro Salvaje o Casino, entre otras. Pero, sin duda alguna, la película se sostiene especialmente en un guión excelente escrito por Chazz Palminteri, que se basa en su propia obra de teatro, y que en lugar de los derechos de autor quiso reservarse para sí la escritura del guión y el personaje de Sonny, que le va como un guante y no sólo por su físico.

    También acompañan la excelente fotografía y una buena banda sonora que atenúa el melodramatismo de la historia, proporcionándole un buen ritmo de acción. Lo más apreciable es que la historia es sencilla y no confunde al espectador con innecesarios embrollos. Se trata de resaltar lo difícil que es ser fiel a unos valores éticos basados en el respeto y la honradez, frente a los placeres que reporta la vida del gángster, en la que también cabe la adoración, la amistad, la admiración; un brillo que puede cegar y provocar a una persona la toma de decisiones en la dirección incorrecta.

    An education

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  • 10 octubre 2011
  • Retroclásica

  • Este curso en el cine fórum de MCM vamos a comenzar por comentar un clásico reciente: "An education" (Lone Scherfig, 2009). Se trata de la historia de una adolescente, Jenny (Carey Mulligan); es una estudiante brillante en una familia muy tradicional, que tiene el sueño de entrar en Oxford, hablar francés y ser chic. Y todo comienza a cambiar cuando conoce a un hombre mayor que ella con el que emprende su otra educación como adulta.

    Foto: Kerry Brown / Sony Pictures Classics

    La historia está situada en el Londres de los primeros años sesenta, una época muy austera producto de la dura posguerra, lo que le imprime a la película una estética atractiva y limpia, desde la cuidadísima ambientación hasta la selección musical, de la que destacamos esa pasión de la protagonista por todo lo francés, y en especial por la legendiaria Juliette Gréco.

    El gran acierto de la película es, sin duda, la elección de su protagonista. Carey Mulligan se ha revelado como una extraordinaria actriz a tener en cuenta; no sólo es físicamente perfecta para el papel, es su capacidad de transmitir al espectador ese deseo de volar del nido y empaparse de todo el glamour y la sofisticación que no encuentra en su entorno familiar. Encarna perfectamente las sensaciones de las primeras experiencias sociales, intelectuales, sexuales y sensuales, como si todos los sueños de adolescencia fueran a cumplirse de golpe. Hay algo en esta actriz que, no sé, no se repetía desde los inicios en el cine de Audrey Hepburn, y no sabría decir exactamente qué es.

    En la película tenemos un reparto muy interesante; Peter Sarsgaard es David, el hombre del que Jenny se enamora; Alfred Molina encarna al padre conservador y austero de Jenny; Olivia Williams es la profesora vocacional convencida del talento de la protagonista y preocupada por la posibilidad de que ésta arruine su futuro; y Emma Thompson encarna a la implacable y antipática directora del colegio. Pero a pesar de todas estas veteranas estrellas de la interpretación, el peso de la narración recae casi por completo en Carey Mulligan.

    El guión es de Nick Hornby, novelista y guionista que ha firmado otros títulos como "Un niño grande" y "Alta fidelidad", y en este caso está basado en las memorias de la periodista Lynn Barber, publicadas en una revista.

    Dirige la danesa Lone Scherfig, de quien se estrena en estos días "One day", y que ha dirigido otras propuestas interesantes como "Wilbur se quiere suicidar" o "Italiano para principiantes".

    Para quienes se la perdieron en el cine, imprescindible recuperarla en DVD o Bluray.

    Zinemaldia 2011: Jacques Demy

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  • 16 septiembre 2011
  • Retroclásica

  • En la línea habitual del Festival de Cine de San Sebastián, la retrospectiva clásica repasará la filmografía de un director a reivindicar en el panorama del cine mundial. Esta vez, como una prolongación del ciclo que Nosferatu ha dejado a François Truffaut, se ha elegido al francés Jacques Demy del que se proyectarán todos sus largometrajes y algunos cortos, además de tres títulos firmados por su viuda, Agnès Varda, relacionados con la vida y la filmografía del director.

    El cine de Demy da especialmente importancia a la música: una buena parte de sus películas son musicales que mira más a Hollywood que a la Nouvelle Vague donde, por generación, el cineasta ha sido encajado tradicionalmente. Demy tuvo, desde el principio, el gran acierto de contar con uno de los más grandes compositores de música para el cine: Michel Legrand, junto al que alcanzaría el éxito internacional con la película Les parapluies de Cherbourg.

    Demy tuvo la suerte de contar con actrices de la talla de Catherine Deneuve, Françoise Dorleac, Anouk Aimée, Jeanne Moreau, o actores como Gene Kelly e Yves Montand, entre otros.

    La que aquí escribe tan sólo conoce los títulos emblemáticos, es decir, "Los paraguas...", "Les demoiselles de Rochefort" y "Model shop", así que se toma esta retrospectiva como una forma de hacer justicia a un director original y colorista.

    Hoy arrancamos el festival con los siguientes títulos:

    - Los cortometrajes "Ars", "Le sabotier du Val de Loire", "Le bel indifférent", y el fragmento "La luxure" de la película "Les sept péchés capitaux". Todos en una sola sesión, cuyo segundo y último pase tendrá lugar mañana.

    - "Lola" y "Model Shop", ambas protagonizadas por Anouk Aimée

    - "Les parapluies de Cherbourg", el emblemático musical protagonizado por Catherine Deneuve y Nino Castelnuovo.

    SOMBRAS DIGITALES

    Este año nos toca también ocuparnos del cine chino digital. Un ámbito muy desconocido porque raramente llegan estas películas a los circuitos comerciales, incluso al mundo del deuvedé o la propia descarga. Así que con total desconocimiento artístico (que no técnico) de lo que me voy a encontrar, tendré oportunidad de conocer a los cineastas de un país en el que no es fácil ser creativo con libertad; de ahí que la temática predominante en estos títulos haga especial énfasis en los problemas sociales de un país enorme en plena expansión mundial.

    What matters most, lo que verdaderamente importa

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  • 11 septiembre 2011
  • Retroclásica

  • A estas alturas Barbra Streisand no tiene nada que demostrar y, sin embargo, sigue regalándonos el oído con otro buen álbum (éste hace el número 65). Quizá lo que quiere demostrar es que si hay algo que aprecia en su vida es la amistad y la fidelidad (al menos en ese ámbito). Fiel, cómo no, a su discográfica, Columbia, con la que firmó su primer contrato hace casi cincuenta años; como lo es a su representante desde entonces, Martin Erlichman. Y ésa es la cifra que abarca su relación con la pareja de letristas Alan y Marilyn Bergman, un matrimonio prolífico y brillante que ha firmado las letras más bellas e interesantes de la canción ligera norteamericana de las últimas décadas; de hecho, Marilyn ha sido durante años la presidenta de ASCAP, la sociedad americana de compositores, autores y editores.


    Los Bergman conocieron a Barbra cuando ésta empezaba como "telonera" de figuras consagradas en los clubes del Greenwich Village de Nueva York. Ellos, algunos años mayores que Barbra, eran unos escritores que empezaban a desputar en Broadway colaborando con los músicos en activo. Tras la experiencia de ver a ese prodigio de diecinueve años, se acercaron al camerino, donde Alan inició su amistad con la cantante con una pregunta muy simple: "¿Te das cuenta de lo buena que eres?".

    A partir de entonces no sólo fueron convirtiéndose en escritores de cabecera de los standards que iba incluyendo en sus álbumes, sino también en una familia sólida en la que apoyarse en los momentos buenos y en los no tan buenos. Artísticamente llegaron a su mayor productividad cuando en el equipo entró a formar parte el compositor Michel Legrand, que desde el álbum "Je m'apelle Barbra" aportó toda su creatividad, siendo "Yentl" quizá el mejor producto de la colaboración Streisand-Bergman-Legrand, trabajo que fue recompensado con un Óscar a la mejor banda sonora en 1983.


    Mi Legrand-Bergman favorito interpretado por Barbra pertenece a una banda sonora de la que ya he hablado aquí en otro artículo; el tema es "What are you doing the rest of your life?" y la película "The happy ending", de Richard Brooks. Como ha comentado Alan Bergman en más de una ocasión, Barbra es capaz de cantar una interrogación, de interpretar el significado de una letra, de dar el matiz exacto. (La letra de esta canción es, simplemente, una maravilla).

    La mejor forma de comprobarlo es acudiendo al último álbum publicado por la de Brooklyn, "What matters most", una colección de temas con letra de Alan y Marilyn Bergman hasta ahora no interpretados por Streisand; el más fácil de identificar (al menos por los cinéfilos" es "The windmills of your mind", perteneciente a la banda sonora de "The Thomas Crown Affair" (Norman Jewison, 1968), una belleza de canción que ha tenido innumerables versiones, entre ellas las de Sting, Dianne Reeves, Dusty Springfield o Dizzy Gillespie, por nombrar algunas.

    Quienes compren la edición deluxe tendrán como premio un disco extra con la enésima reedición de los temas de los Bergman que Barbra ya ha interpretado en otros álbumes, desde la archiconocida "The way we were", pasando por la mencionada "What are you doing...", un par de temas de "Yentl" o "Summer of '42". Vamos, joyitas de las imprescindibles para los amantes de la buena música. Un detalle, el álbum está dedicado al fallecido director Sidney Pollack, para el que la cantante y los letristas trabajaron en la película "Tal como éramos". Y otro detalle, la peor portada de un álbum de Barbra en muchísimo tiempo. De ahí que ni me haya molestado en colocarla.

    Senderos de Gloria (Stanley Kubrick, 1957)

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  • 30 mayo 2011
  • Retroclásica

  • Cerramos el cine forum escolar de este curso en MCM con una película que, pese a ser muy grande, sigue siendo desconocida para mucha gente. "Senderos de Gloria" (Paths of glory, Stanley Kubrick 1957) es una de las mejores películas que se han rodado hasta hoy. Ambientada en la I Guerra Mundial, su fotografía en blanco y negro es capaz de transmitir la crudeza, la humedad, el barro de las trincheras, la sangre de la batalla y también la frialdad de los mandatarios militares en sus poltronas. De esta película, además de la ya mencionada fotografía, quedan en la retina esos recorridos visuales por las trincheras y la imagen de un gran Kirk Douglas saliendo de la zanja, con el arma en la mano, liderando la avanzada.

    Basada en la novela homónima de Humphrey Cobb (1935) recoge un hecho real que había impresionado al joven director unos años antes. La película aborda la ambición militar desde los cómodos despachos, sin importar el alto coste en vidas de soldados que sufren la guerra en los campos de batalla. Todo esto tratado con un punto de vista crítico y antimilitarista que convirtió a la película en algo incómodo para los gobiernos de finales de los cincuenta. De hecho, la película estuvo prohibida en una buena parte de Europa, principalmente por el rechazo que despertaba el tratamiento que el ejército francés recibía en la historia. En Francia se estrenó finalmente en 1972 y en España en 1986, mucho después de la muerte del dictador.

    Stanley Kubrick acababa de rodar "Atraco perfecto" ("The killing", 1956) con United Artists y había sido, pese al éxito de público, una película económicamente deficitaria. Rechazada por varios estudios, United Artists aceptó rodarla con un presupuesto muy ajustado (un millón de dólares de la época) gracias a que la productora de Kirk Douglas se involucró en el proyecto. El guión original incluía un final diferente que, en cierto modo, fue el que facilitó que el estudio aceptara el rodaje; sin embargo, UA no dio mucha importancia al final definitivo de la película, que resultó ser radicalmente distinto al original.

    El director era bien conocido por su afán perfeccionista que tanto incomodaba con frecuencia a sus actores; sin embargo, dicha obsesión brinda al espectador una película magníficamente construída que nos revela con mirada crítica la tiranía del poder (en este caso el militar) y el escaso valor del ser humano, del soldado, del peón sacrificable. En una primera parte nos regala la cruda visión de las trincheras con un perfecto deslizamiento de la cámara a lo largo de la misma. Kirk Douglas, encarnando a Dax, es seguido por el objetivo con precisión, con lo que el espectador recibe todas las sensaciones que el personaje experimenta en ese tramo de la historia, desde el barro y la batalla.

    De la ironía se pasa más bien al cinismo, en el relato de la elección al azar de tres cabezas de turco que se someterán a un consejo de guerra por cobardía. De nuevo, la cámara sigue con nitidez al personaje Dax que pronuncia su discurso ante una pandilla de oficiales que lo único que persiguen es el honor y la gloria de las batallas pese a que ellos apenas han pisado el campo.

    En definitiva, se trata de uno de los mejores trabajos de Kubrick y también de Kirk Douglas. Os invito a revisarla, seguro que después del magnífico final de la película se nos ha removido algo aquí dentro. Porque hay cosas que, casi un siglo después, siguen sin cambiar: el poder y la gloria.

    Por cierto, buscando imágenes del Stanley Kubrick de la época me he topado con una que me ha recordado a Buñuel. ¿Quién es quién?


    Little Stevie

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  • 07 abril 2011
  • Retroclásica
  • Sigo el recorrido por mis canciones favoritas y tengo que pararme un buen rato en Stevie Wonder, y escuchar All in love is fair, Lately, Ribbon in the sky, For once in my life y You and I.


    Wonder es un vocalista privilegiado, un músico hábil especialmente con la armónica, con la que desde niño fue reconocido como 'Little Stevie'. Sus álbumes de los sesenta y setenta son profundos, completísimos; mucho antes de que llegara Prince, Wonder se ocupaba de hacer todos los arreglos y tocar prácticamente todos los instrumentos. Sus temas más populares son optimistas y alegres: You are the sunshine of my life, Isn't she lovely. Sin embargo, para mí no hay nada como sus baladas. Con los ritmos ochenteros y rozando la horterada con el I just called to say I love you, perdí el interés y dejé de seguirle la pista (escucho el arreglo de este Lately y creo que sólo le hacía falta un piano para hacer una versión memorable, todo lo demás sobra). En los últimos años ha publicado cosas interesantes, pero yo sigo interesada por el Stevie fresco, innovador, melancólico y romántico de You and I.

    Contemplar, escuchar

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  • 04 abril 2011
  • Retroclásica
  • Escucho en esta caja mágica que es Spotify a una cantante maravillosa a la que tenía algo olvidada; Nancy Wilson, una elegante intérprete de standards, entre el jazz y el pop. Salto de ella a Barbra, porque tienen muchas canciones en común. Y de ahí a Norah Jones, que irrumpió como un soplo de aire fresco en este triste panorama de exhibicionistas, gritones y voces impersonales manipuladas por el márketing. Soy retro y soy clásica, no me queda más remedio, hay pocas cosas novedosas que francamente me gusten. Vuelvo a Nancy Wilson y encuentro en su Fly me to the moon lo que le falta al admirado Sinatra, delicadeza.

    Me gustan esas canciones en las que confluyen una letra inteligente, una melodía sofisticada, unos arreglos al más puro estilo Mancini o Bacharach, elegantes, sesenteros y metálicos. Algo que va de contemplar a Audrey Hepburn cantando Moon river en la ventana, o a Claudine Longet haciendo de Nothing to lose un remanso de paz, una pausa en la locura de El guateque. Ya ni siquiera las canciones para las películas son lo que fueron, suenan en los títulos de crédito cuando te invitan a abandonar la sala y no en comienzos brillantes como The way we were, o en momentos delicados de la trama, como ese Put the blame on mame de Gilda, o que transmiten la emoción del momento, dígase la intensa The man that got away que Judy Garland nos regala en A star is born. O ese Makin' whoopie sexy que sobre el piano se marca Michelle Pfeiffer en The Fabulous Baker Boys.


    Salto al pop. Me gusta el Tapestry de Carole King, un disco en el tras irrumpir con la contundente I feel the earth move es capaz de reordenar las emociones con So far away 'but you're so far away, doesn't anybody stay in one place anymore?'. Creo que desde el álbum Tracy Chapman, no ha habido un disco que me haya cautivado con todos y cada uno de sus temas, que tenía el pobre vinilo desgastado de tanto escucharlo. Bueno, sí, hay uno, Noa

    Y siempre me quedarán mis discos sesenteros y setenteros de la Streisand. Y si es algo que os produce risa, es porque nunca los habéis escuchado. Ya veis, no tenía gran cosa que contar, pero sí mucho que decir.

    La gata de ojos violeta

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  • 23 marzo 2011
  • Retroclásica
  •  Liz Taylor en el Zinemaldia, en los setenta

    Me he pasado un buen rato pensando en cómo titular esta entrada. No ha sido fácil, porque desde "La fierecilla domada" hasta "Quién teme a Virginia Woolf" existen muchos matices que encajan con esta mujer, un espíritu apasionado, indomable, de una raza extinta, la del glamour. Se nos ha muerto hoy la mujer de la mala salud de hierro, Elizabeth Taylor, la actriz de ojos de color violeta (al menos eso dice la leyenda), la que escandalizó al mundo con sus ocho matrimonios, dos con Richard Burton, quizá el hombre de su vida. La que tras quedarse viuda de Michael Todd fue a consolarse con Eddie Fisher, que era el marido de su mejor amiga, Debbie Reynolds. Cuando dejó de trabajar como actriz se dedicó a llenar portadas, saliendo por enésima vez del Betty Ford, casándose con un albañil llamado Larry Fortensky o posando con sus impresionantes joyas.

    Mujer inteligente, utilizó toda esa proyección social para su último gran papel en esta vida: la lucha contra el SIDA, después de perder a su amigo Rock Hudson, quien, recordemos, fue el primer famoso derrotado por un mal hasta entonces desconocido, a mediados de los ochenta.

    Pero rebobinemos, porque aquí lo que cabe, por encima de todo, es la actriz, que empezó de niña, donde dejó al público cautivado con su belleza actuando junto a otro gran niño-actor, Mickey Rooney, en "National Velvet" (Rooney será probablemente uno de los pocos supervivientes de la época). También coincidió en "Lassie come home" con otro niño prodigio, Roddy McDowall, en esos comienzos, de los que cabe destacar la versión en color de "Little Women", la archiconocida novela de Louise M. Alcott.

    Su rostro de porcelana de espesas cejas marcadas sobre ese par de ojos impresionantes, y esa cintura de avispa tan de los cincuenta se harían inolvidables más adelante en títulos como "Gigante", "La gata sobre el tejado de zinc", "De repente, el último verano". Una actriz muy adecuada para las obras de Tennessee Williams, por su carácter explosivo y sensual.

    "Cleopatra", una obra fallida (pero a reivindicar) de Joseph L. Mackievickz marca un antes y un después en su vida y su carrera, se trata del encuento y del comienzo de la pasional historia de amor con Richard Burton, sus idas y venidas, estruendosas rupturas y sonoros retornos. De esa época, "Una mujer marcada", "Quién teme a Virginia Woolf" (que le reportaron sendos Oscar) y "Reflejos en un ojo dorado" (magnífica y acompañada por un gran Marlon Brando) son películas a desempolvar en las estanterías. Yo acabo de revisar un título menor, maltratado por crítica y público, "Castillos en la arena", de Vincente Minnelli, en la que una ya madura Liz Taylor sigue embrujando con su sensualidad salvaje a Richard Burton (y con música de Johnny Mandel, "The shadow of your smile").

    Como acaba de decir Conxita Casanovas en la radio, casi duele saber que su despedida de la gran pantalla fue una versión de "Los picapiedra". Por suerte, nunca dejó de ser estrella y, como decíamos, supo utilizar su popularidad, dinero e influencia para impulsar los primeros proyectos de apoyo e investigación al SIDA, junto con su amigo Michael Jackson.

    Se acaba una época, se va extinguiendo el glammour del Hollywood dorado, una forma de entender el cine y la propia industria, algo irrepetible.

    Luis Gasca recuerda el paso de Elizabeth Taylor por el festival de cine de San Sebastián

    La diligencia

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  • 21 marzo 2011
  • Retroclásica

  • Hace unos días repasamos una obra maestra de John Ford con alumnos de bachillerato. (Hay que ponerse en su lugar: no saben quién era John Ford, ni John Wayne, ni Claire Trevor. Especialmente los dos primeros, tan asociados a la historia del cine y al western en particular).

    La diligencia (Stagecoach, 1939) fue el primer western sonoro que rodó Ford. La que hoy es considerada una de las mejores películas de la historia del cine sembró muchas dudas cuando Ford, que había adquirido años antes los derechos de la historia, propuso su rodaje. Leída hoy la respuesta que tuvo que escuchar suena hilarante: "Pero es un western y ya nadie hace westerns". Pensemos en todo lo que, después de esta maravilla, Ford rodó. Él y Anthony Mann nos dieron las mejores historias del oeste americano durante los siguientes treinta años.

    David O. Selznick (que en esa época vivía la histeria de la producción de "Lo que el viento se llevó") iba a producir la película. Ford, que llevaba una década sin rodar con John Wayne, quería a Wayne en el papel protagonista, pero Selznick imponía a Gary Cooper, que era más popular en aquella época, como deseaba que fuera Marlene Dietrich la que protagonizara a Dallas en lugar de Claire Trevor. Por suerte para nosotros, la película terminó en manos del productor Walter Wanger.

    Según Ford contó al director (y cinéfilo) Peter Bogdanovich en una excelente entrevista que le hizo al final de su carrera, la historia se inspira en "Bola de sebo" de Guy de Maupassant (historia rodada como Mademoiselle Fifí en 1921 y más tarde en 1944, por Robert Wise), un viaje en diligencia en plena guerra franco-prusiana. Hay cierta relación entre ambas historias, aunque algunos autores consideran esa inspiración algo exagerada.

    La diligencia es una historia que tiene dos espacios contrapuestos: el pequeño del carruaje tirado por caballos, mínimo, incómodo, duro, polvoriento e inseguro, y el inmenso espacio abierto y grandioso de la tierra americana, perfectamente representada por Monument Valley, todo un descubrimiento para el cine de Ford y para el western, ya que a partir de entonces se rodarían allí más películas (desde Centauros del desierto del propio Ford hasta... Forrest Gump, por poner un ejemplo reciente y de otro género).

    Como decían los carteles publicitarios, la película va más allá de la aventura épica de un grupo de blancos atravesando territorio indio; se trata de la historia de personas distintas que comparten un duro viaje en diligencia, cada una con su pasado y su futuro, con algo que ocultan o que deliberadamente muestran para ocultar otras cosas. El jugador (John Carradine), el doctor borracho (Thomas Mitchell, merecedor de un Oscar por este papel), la joven de dudosa reputación (Claire Trevor), el representante de licores (Donald Meek), la joven esposa de un soldado (Louise Platt), el marshal que cumple con su deber (George Bancroft), el conductor de la diligencia (Andy Devine) y el héroe solitario que busca la justicia por su cuenta (John Wayne). En cada parada de repostaje aparece una nueva figura que aporta cierta vis cómica a una historia que está lejos de la comedia; así, la comitiva de puritanas que pone de patitas en la calle a Doc y a la cabaretera Dallas; o el mexicano de la venta que ha sufrido el robo de su yegua y de su mujer (lamentando mucho más la desaparición de la yegua). En ese punto también tenemos un momento para la ternura, para la redención de Doc que logra alcanzar la suficiente sobriedad para atender un parto. El trayecto es pura narración y va añadiendo matices a la historia a través de lo que vamos conociendo de los personajes.

    La película lanza definitivamente a John Wayne, que por entonces estaba muy por debajo de la popularidad de Claire Trevor. Ford había dejado de trabajar con Wayne, pese a ser grandes amigos", hasta que éste madurara como actor. En esta película se convierte en el personaje prototipo fordiano de héroe americano, casi siempre solitario, arrogante, con tendencia a tomarse la justicia por su cuenta, y más tarde encarnado en otros héroes en la piel de Clint Eastwood. Los personajes de Wayne están a mucha distancia de los que encarna James Stewart, especialmente en las películas de Anthony Mann (estoy pensando en Winchester 73 y en Horizontes lejanos, por poner un par de títulos), del mismo modo que este Wayne de La diligencia se encuentra a años luz del protagonista del que para mí es el mejor western de Ford, Centauros del desierto.


    El año pasado apareció una versión restaurada digitalmente y en alta definición (en la colección Criterion) de la película y es una muy buena excusa para revisarla. Ahora que los televisores son gigantescos, ya que en los cines no se repone, al menos tendremos la oportunidad de percibir la grandeza de Monument Valley, un lugar que Ford convirtió en un icono del cine del Oeste, y la espectacularidad de la secuencia del ataque de los indios (villanos de la historia, pero ni los únicos ni los peores), una escena que, no olvidemos, se rodó hace más de setenta años.

    And the Oscar goes to...

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  • 27 febrero 2011
  • Idoia
  • Dos meses en el dique seco... En fin, cuando no se llega, es lo que hay. Esta noche va a ser la primera en muchos años que escucharé la ceremonia de los Oscar por la radio, eso si me falla la emisión online... Que incrusto en el blog, por eso de compartir la señal. Este año llego a la ceremonia con muchas películas ya vistas. Para mí la mejor película del año ha sido "Toy Story 3", que ganará en el apartado de mejor largo de animación, lo cual es verdad, pero aplastará a una película que, a priori, tiene una pinta maravillosa: "The illusionist", producida por el mismo equipo de la estupenda "Les triplettes de Belleville".

    Después de ésta creo que, sinceramente, "La red social" es de lo mejor que he visto en pantalla. Y pese a lo que se dice sobre la decadencia del séptimo arte, estoy segura de que hacía mucho tiempo que no teníamos una cartelera en la que coincidieran películas de tan buena factura, pero más que pensar en obras de arte, peliculas que me estuvieran haciendo pasar un buen rato en la butaca. "Valor de ley", "De dioses y hombres", "El discurso del rey", "La llave de Sarah" o "Más allá de la vida" están entre esos títulos, como lo está la española "Primos". Claro que combinar estos títulos comerciales con la retro de Truffaut hace que este curso esté gozando especialmente de mi paso por las butacas de cine.

    Y los miércoles, Truffaut

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  • 09 diciembre 2010
  • Idoia
  • Truffaut, Bisset y Léaud en La noche americana

    Ya llevamos un mes disfrutando de las tardes de Nosferatu y yo sin comentarlo. Donostia Kultura nos da la oportunidad de revisar la filmografía completa del gran autor de la nouvelle vague, en versión original y pantalla grande, como debe ser.

    François Truffaut (1932-1984) es uno de los máximos representantes del nuevo cine francés de la posguerra. Irrumpió en Cannes en 1959 con Los cuatrocientos golpes, una película que ahonda en la soledad, la incomunicación, la rebeldía, la infancia y la falta de cariño, a través de un personaje nacido de la infancia del propio director, y que le acompañará en cuatro películas más: Antoine Doinel.

    Cinéfilo y crítico, además de actor ocasional, la obra de Truffaut destila, por encima de todo, amor al cine. Y como hay gente mucho más conocedora de su filmografía que yo, os voy a dar algún enlace de interés.

    Nuria Vidal, escritora y crítica cinematográfica, tiene un par de blogs en los que comparte todo su conocimiento. Hay uno de "textos largos" en el que reproduce el artículo original que escribió para la publicación que Nosferatu edita con ocasión de esta retrospectiva. El texto es más que interesante y os lo recomiendo: François y los otros.

    Os remito a la web de Donostia Kultura y al folleto para conocer la programación exacta.

    En imdb, como siempre, la base de datos más completa sobre Truffaut.

    La web oficial sobre el director. Filmografía, biografía, publicaciones...

    Una web en español, bastante vistosa.

    Cantando bajo la lluvia

    4
  • 30 noviembre 2010
  • Retroclásica

  • Este mes tengo el placer de descubrir a unos cuantos alumnos una película optimista, sin aristas, con su buena dosis de ironía y que, de paso, ilustra un momento importante en la historia del séptimo arte. Cine dentro del cine, cine que se ríe de sí mismo, que dice mucho de sí mismo.

    Stanley Donen, a quien este blog ya ha dedicado unos cuantos párrafos, nació en Carolina del Sur (EEUU) en 1924. comenzó a los dieciséis años su carrera como bailarín en Broadway, donde conoció a Gene Kelly trabajando en la obra de Rodgers y Hart Pal Joey (por cierto, os recomiendo revisar la versión en cine protagonizada por Frank Sinatra).

    Poco tiempo después se trasladó a Hollywood, donde trabajó como bailarín y más tarde como coreógrafo en la Metro Goldwyn Mayer. Con la ayuda de Kelly y del productor Arthur Freed, comenzó a dirigir películas, para lo cual demostró sobrado talento. De esa colaboración surgió una película musical con partitura de Leonard Bernstein, On the town (Un día en Nueva York, 1949), a la que le siguió Royal Wedding (Bodas reales, 1951), que ha pasado a la historia por la secuencia en que Fred Astaire bailaba por las paredes y el techo de su habitación.

    Cantando bajo la lluvia (Singin' in the rain, 1952) es su cuarta película, también codirigida con su protagonista, Gene Kelly. Pero cualquiera que desconozca lo joven que era Donen cuando la realizó, diría que se trata de un director maduro y con larga experiencia.

    En pocas palabras

    Don Lockwood y Lina Lamont son la pareja más famosa del cine. Ella ha nacido para ser estrella del cine mudo; en cambio, él, ha llegado a donde está a base de esfuerzo y dignidad, siempre dignidad. Kathy Selden es una bailarina de coro que se gana la vida como buenamente puede y que, por casualidad, conoce a Lockwood de camino a una fiesta.

    Corre el año 1927 y, el rodaje de El cantor de jazz provoca una revolución, ya que se trata de la primera película sonora. De repente, el cine mudo y sus estrellas se tienen que enfrentar a un micrófono y...

    Gene Kelly

    Hay imágenes como la de Scarlett O'Hara en Tara arrancando un rábano a la tierra yerma y jurando que no volverá a pasar hambre; y hay imágenes como la de Gene Kelly cantando y bailando y desafiando a la lluvia, como mayor expresión del optimismo, de la felicidad y del enamoramiento. En la película, después de una noche en vela, los tres personajes principales llegan a la conclusión de que la crisis sólo se supera con optimismo y creatividad.

    Son los epítetos de optimista y creativo los que asocio a la figura de Gene Kelly (1912-1996), por sus composiciones poéticas, alegres, enérgicas, expresivas. Frente a Fred Astaire, que representaba algo así como la aristocracia del baile, me quedo con el protagonista de Un día en Nueva York, sin menospreciar al elegante Fred.

    Kelly era un perfeccionista y eso lo sufrieron sus compañeros de reparto. Todo debía estar muy ensayado y estudiado y con frecuencia las sesiones finalizaban con los pies destrozados, sangrantes. El día del rodaje de la famosa secuencia bajo la lluvia, tenía 40º de fiebre y muy poca fuerza para hacer claqué, por lo que había dos bailarinas en el plató que realizaban sincrónicamente los pasos para dar con el ruido más fuerza a los movimientos del actor. La lluvia no era agua, sino una solución salina mezclada con leche para conseguir un mejor efecto al fotografiarla; finalmente se logró rodar la secuencia completa en una sola toma.

    Después de ellos (Kelly, Astaire y el gran Bob Fosse), no ha habido ningún otro bailarín-actor icónico en el cine. Nadie tan polivalente, tan creíble y versátil, que hiciera de la coreografía algo elegante y aparentemente sin esfuerzo lo integrara en cada personaje. Kelly, además de bailarín capaz de crear coreografías tan distintas como las de El pirata y Un americano en París, era un saltimbanqui; no en vano Don Lockwood es una autoparodia acrobática, emulando a Douglas Fairbanks, o a Errol Flynn.

    Debbie Reynolds

    En cambio, Debbie Reynolds (Texas, EEUU, 1932) nunca había bailado antes de rodar esta película; por culpa de las quejas de Gene Kelly, que llegó a insultarla por no saber bailar, consiguió que el mismísimo Fred Astaire le enseñara durante el rodaje - y vaya si aprendió. Se inició en concursos de belleza que le facilitaron la entrada en el mundo del cine. Ésta es sin duda su más conocida película; más adelante recibió una nominación al Oscar por Molly Brown, siempre a flote. Quiero recordar aquí una película menor que descubrí el año pasado en la retrospectiva de Richard Brooks, protagonizada por Bette Davis y Ernst Borgnine, The catered affair, en la que interpretaba el papel de la hija de los protagonistas.

    Reynolds es famosa por otros asuntos menos artísticos. Su amistad con Elizabeth Taylor provocó su primer divorcio: estaba casada con el famoso cantante Eddie Fisher, que se fue a consolar a la Taylor cuando se quedó viuda del productor Michael Todd. Con Fisher tuvo dos hijos, Carrie y Todd. Carrie Fisher protagonizó el papel de la Princesa Leia en la trilogía de La Guerra de las Galaxias, lo cual a la legendaria Debbie le ha llevado a ser más tarde conocida como "la madre de la princesa Leia". La relación entre ella y Carrie ha sido problemática, lo que su hija reflejó en el libro y más tarde el guión de la película "Postales desde el filo", donde madre e hija fueron retratadas por Shirley MacLaine y Meryl Streep.

    Su agitada vida le ha llevado a divorciarse tres veces, a arruinarse en varias ocasiones, a vivir literalmente en su cadillac en el momento más bajo de su carrera. Actualmente Debbie Reynolds aparece en papeles secundarios en el cine y en la televisión. Es una gran coleccionista de "memorabilia", de objetos relacionados con el cine, que ha exhibido en un museo en Las Vegas y actualmente en Hollywood (esta información no está ni clara ni muy actualizada por lo que he podido comprobar en Internet).

    Los secundarios

    Esta película demuestra la importancia de los personajes/actores secundarios y su generosidad con la historia. Y es justo reconocer el gran papel, por antipático y divertido, de Jean Hagen (1923-1977), una actriz con una carrera corta en el cine por culpa del sistema de estudios (la MGM no supo qué hacer con ella), pero que encontró un hueco en el mundo de la televisión, en la que trabajó pese a su salud delicada hasta el último momento.

    Por su papel de Lina Lamont recibió una nominación al Oscar; un personaje divertido, contrapuesto al de Reynolds, que en el fondo es la visión irónica del star-system del cine mudo, y del precipitado final de muchas carreras con la llegada del cine sonoro.

    Donald O'Connor (1925-2003) tuvo en cambio una carrera larga, que comenzó con su familia en el vaudeville. En los años cincuenta protagonizó una serie de películas muy célebres, en las que su coprotagonista era una mula parlante, "Francis". O'Connor es un actor-bailarín también de corte acrobático; pero además es un humorista de verbo rápido y habla muy gestual. En esta película aporta un contrapunto cómico casi surrealista, y exhibe todo un repertorio de gestos, verborrea y baile acrobático en dos números como "Moses suposes" y "Make'em laugh", después de cuyo rodaje necesitó tres días de reposo en cama para recuperarse del esfuerzo; esto hizo cambiar de actitud a Kelly, que se había portado como un déspota con él hasta entonces, y a partir de este número comenzó a mostrarle respeto.

    Rita Moreno tiene una brevísima aparición, todavía no había alcanzado el estrellato que le proporcionó West Side Story. Quien sí tiene una aparición secundaria de lujo es la gran Cyd Charisse, que por entonces era una de las bailarinas más impresionantes, como lo eran sus piernas.

    La secuencia en la que interviene Cyd es el proyecto (casi onírico) de Don Lockwood para convertir su fallida película hablada en un musical donde todo se exprese con baile y canciones. Las escenas en que Kelly y Charisse bailan son excepcionales, luminosas, llenas de color. Representan el mundo de la MGM; el artista, la femme fatal, la búsqueda del éxito para conseguirlo todo, y el éxito supeditado al poder y al dinero. Y a la vez evocan a un genio de la Warner, Busby Berkeley, el gran innovador del teatro y el cine musical en los años treinta.

    Estamos, probablemente, ante la mejor comedia musical de la historia del cine. Ideada en principio bajo el esquema del clásico musical MGM Melodías de Broadway, Donen se encarga de cargarlo de crítica irónica. Como muchos musicales de los treinta y cuarenta, no son obras musicales globales, sino un conjunto de canciones que habían sido populares. En este caso, sólo los temas "Moses" y "Make'em laugh" son originales, aunque esta última es un evidente plagio de "Be a clown", de Cole Porter; el compositor, elegantemente, no interpuso demanda alguna y siempre declaró que "Singin' in the rain" era una de sus películas favoritas. No en vano estaban involucrados en el proyecto dos genios, los letristas y libretistas Betty Comden y Adolph Green...

    El maquinista de la General

    9
  • 30 octubre 2010
  • Retroclásica

  • Una película histórica

    Lo decimos en todos los sentidos. Porque acude a un episodio de la historia de los Estados Unidos; y porque es una de las películas más importantes de la historia del cine mundial. Tiene la virtud de narrar una hazaña de héroe en una guerra y, a la vez, hacernos reír. Sin embargo, cuando se estrenó fue un fracaso total, más aún cuando se trataba de una producción carísima para la época.

    En pocas palabras...

    El título original, "The General", tiene más lecturas que el título en español, ya que alude tanto al nombre de la locomotora como al rango militar. En los años de la guerra civil americana. Johnny Gray (Buster Keaton) es el maquinista de "La General", una locomotora que se reparte el corazón de Johnny a medias con Annabelle Lee, su novia. La rutina se rompe con el estallido de la guerra, todo el mundo corre a alistarse al ejército y Johnny no va a ser menos. Pero al declarar que es, de profesión, maquinista, en la oficina de reclutamiento le rechazan por ser más útil al mando de una locomotora. De allí sale desilusionado, pero lo va a estar más, porque es calificado de cobarde por no acudir a la guerra y su novia le rechaza, cosa que hace el resto de la familia de ésta. Toda una humillación.

    Éste es el punto de partida de una película que parte de un hecho real relatado en "Daring and Suffering: A History of the Great Railway Adventure" (Audacia y sufrimiento: Historia de la gran aventura ferroviaria), de William Pittenberg. La acción se desata en el momento en que los confederados roban "La General" y durante el resto del metraje contemplaremos todo lo que Gray hace para recuperarla, convirtiéndose involuntariamente en protagonista de un episodio de la contienda.

    Riesgo y precisión

    La famosa secuencia del puente se filmó en una toma única (y de qué otra forma podría ser entonces) y con gran sorpresa por parte de todos los extras que había alrededor, ya que no se les había avisado de lo que iba a ocurrir. Los restos de la locomotora permanecieron en el río hasta la II Guerra Mundial, en que fueron recuperados y aprovechados como ferralla para armamento.

    Esto da una idea del riesgo asumido en la producción de la película. En el rodaje, Keaton realizó él mismo todas las secuencias de riesgo. Visto hoy (y con esa sensación que siempre produce el cine rodado por debajo de los 24 fotogramas por segundo) parece que apenas costaba esfuerzo. El actor debía perseguir la máquina, subirse en marcha, pasar de un vagón a otro, caminar por delante de la locomotora para ir retirando obstáculos... La precisión fue máxima, hasta el punto de, en la secuencia del cañonazo, tener que ser milimétricamente exactos con la pólvora del cañón para conseguir el objetivo sin provocar un accidente en la locomotora.

    El éxito está en la planificación minuciosa y el moderno montaje que combinaba secuencias generales, cortas, primeros planos, elipsis y otros elementos narrativos escasamente utilizados en el cine mudo, ya que éste se rodaba predominantemente en estudio, de manera casi teatral, y con las limitaciones técnicas de la época. El rodaje se realizó casi exclusivamente de exteriores, en Oregón.

    Fracaso de crítica y público

    Hoy parece incomprensible que lo que se considera una obra cumbre de la historia del cine, de la comedia, fuera un auténtico fracaso de taquilla y de crítica. Comparada con otras películas de la época, resulta una superproducción. De hecho, una sola secuencia, la del puente, de pocos segundos de duración, costó 1.700.000 dólares. Al público no le hizo tanta gracia como las obras precedentes de Keaton, lo que tuvo consecuencias graves en la carrera del actor.

    Buster Keaton

    Hay tres nombres en el olimpo del cine mudo: Chaplin, Lloyd y Keaton. He leído por ahí una opinión acertada: a la pregunta de quién te gusta más, Chaplin o Keaton, la respuesta es "Si Keaton es prosa, Chaplin es poesía", o algo parecido. Buster Keaton hizo aportaciones menos poéticas, pero no por ello menos irónicas que las de Chaplin. Comparado con Lloyd, los dos hicieron un humor muy físico, de caídas, carreras y persecuciones. Sin embargo, el estilo Keaton se diferenciaba de los otros dos por una marca de la casa: el rostro serio e imperturbable. Por alguna razón le llamaban "cara de piedra" o "cara de palo". En España se le apodó en su momento "Pamplinas", no sé si intentando aludir a su condición de "poca cosa".

    Tras el fracaso de "The General", Keaton perdió el control sobre su trabajo y sus películas, lo que hizo que, después de algunas producciones, su carrera fuera difuminándose en la década de los treinta. Curiosamente, fue rescatado por Billy Wilder para un pequeño papel en "Sunset Boulevard" y por el mismísimo Charles Chaplin para Limelight. Antes de morir en 1966, apareció en otras superproducciones como "Around the world in 80 days" y "A funny thing happened on the way to the forum". Como ocurre con otras figuras de los años del cine mudo, sólo a partir de los años setenta fue reivindicado y valorado como merecía.

    Otras de mis películas de Keaton favoritas es "Siete ocasiones" (Seven chances, 1925).


    Referencias de interés en internet

    Buster Keaton en IMDB.com e IMDB.es
    The General en en.wikipedia.org y wikipedia.es
    What A Difference A Piano Makes: Buster Keaton's The General
    Un clásico de Buster KeatonPelículas - Años 20: El Maquinista de la General (1926)
    Directors we love: Buster Keaton
    Essentia Cinema: Buster Keaton's The General
    ...y mucho más si indagas un poquito en Google.

    Le Jazz Hot (Victor/Victoria)

    6
  • 25 octubre 2010
  • Retroclásica

  • Una de las películas realizadas por Blake Edwards y que se encuentra entre mis favoritas es ese divertimento musical titulado Victor/Victoria.

    Basada libremente en la película alemana Viktor und Viktoria (Reinhold Schünzels, 1933), este musical está considerado como el último gran musical del siglo XX.

    París, 1934. Victoria Grant (Julie Andrews) es una cantante de ópera en paro dispuesta a venderse por un plato de spaghetti. En su momento de mayor desesperación se topa con Toddy (Robert Preston), un cantante de cabaret maduro y homosexual que en un momento de lucidez se inventa el papel del conde Victor, "una mujer que finge ser un hombre que, a su vez, finge ser una mujer" y que logra ser contratado en el cabaret más popular y chic de la capital francesa. No sólo logra engañar a la audiencia, sino que enamora a un confundido empresario americano, King Marchand (James Garner). Así se inicia una historia de equívocos muy inspirada en el vaudeville de principios del siglo XX, muy divertida y con la banda sonora del gran Henry Mancini, a quien en este blog se le profesa una especial veneración. Mancini colaboró en una parte importante de las películas de Blake Edwards, esposo, además, de la actriz protagonista.

    Años después se realizó una versión para el teatro que tuvo gran éxito, a pesar de que para su estreno ya habían muerto Robert Preston y Henry Mancini, y de que Julie Andrews enfermó y una intervención quirúrgica afectó definitivamente a sus cuerdas vocales. Durante unas vacaciones de Andrews el show siguió con Liza Minnelli al frente, pero ésta dio bastantes quebraderos de cabeza, como la marcha de Tony Roberts del reparto por desaveniencias con la estrella. A Andrews, definitivamente apartada de la canción, la sustituyó Rachel Welch; sin la auténtica Victor/Victoria al frente la obra no resistió mucho más tiempo y se retiró del cartel tras 738 representaciones.

    Esta película sirve para pasar un buen rato, disfrutar con el juego de equívocos y con la música. En el fondo es un musical clásico muy del gusto de los que se producían en los años treinta, incluso estéticamente tiene ese aspecto art-déco; se le añade el sentido del humor y ese toque de comedia erótica con el que Blake Edwards siempre sazonó sus guiones y tenemos una película quita-penas, entretenida y muy bien hecha.

    A continuación os dejo con uno de los números grandes, que también se representó en la versión de Broadway. Le jazz hot, música de Mancini, letra de Leslie Bricusse. Esta escena me gusta, no sólo por lo brillante del número musical, sino por lo que sucede en ella. Genial Leslie-Ann Warren como acompañante del empresario, que se va dando cuenta de que empieza a peligrar su lugar en la vida de King Marchand... Esencial para crear el ambiente de rivalidad y la trama que llega a continuación.


    PSICOSIS, de Alfred Hitchcock

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  • 05 octubre 2010
  • Retroclásica

  • En MCM iniciamos nuestro cine-fórum mensual para alumnos de bachillerato con una película muy conocida, esencial en la filmografía de su director, Alfred Hitchcock, y que es un referente en el género de terror: PSICOSIS (1960). Precisamente este año se cumplen 50 años de su estreno.

    Alfred Hitchcock (Londres, 1899 - Los Angeles, 1980) es uno de los directores más importantes de la historia del cine, y se le conoce como "El mago del suspense", puesto que fue quien modificando las normas del cine de terror, renovó el género y supo crear una "marca de la casa", un estilo propio y reconocible que ha sido admirado, seguido, imitado y plagiado por muchos directores de cine. Son muchas de sus obras las que se encuentran en los primeros puestos de las listas de mejores películas o favoritas. Mi favorita es Vertigo (1958).

    En 1960 Hitchcock estaba en lo más alto de su carrera americana y, tras la cancelación del proyecto de rodar una película con Audrey Hepburn, leyó una novela que estaba a punto de publicarse. Esta novela se titulaba Psicosis y su autor, Robert Bloch, era un especialista en relatos de terror. Desde el primer momento el director se mostró entusiasmado con el relato y dispuesto a llevarlo a la pantalla.

    La película narra la huída de una mujer que roba 40.000 dólares y que planea establecerse con su amante, y que de camino a su encuentro se detiene a descansar en un motel solitario regentado por Norman Bates, un hombre retraído y dominado por su madre. La mujer es asesinada en la ducha brutalmente y a partir de ese momento comienza una investigación que nos descubrirá el mundo psicótico en que vive el propietario del motel.

    Las razones de que Psicosis sea una película en blanco y negro son económicas, en primer lugar, pero también una forma de atenuar el impacto visual de la sangre y de las imágenes más crudas que nos iba a mostrar. Pensemos en si la silueta de Bates frente a su casa daría mejor resultado en color, seguramente no. Se trataba, en cualquier caso, de una película de bajo presupuesto que se rodó en poco más de cuarenta días y con actores que no eran grandes estrellas. Fue acogida por la crítica con cierta frialdad, pero tuvo un gran éxito de público y hasta la fecha es una de las películas más populares de Hitchcock.

    Los protagonistas

    Como hemos dicho, los actores no eran precisamente estrellas del calibre de las que hasta el momento habían trabajado con el director británico (como James Stewart o Cary Grant). Anthony Perkins tenía una película pendiente con la Paramount y tanto él como Janet Leigh, John Gavin y Vera Miles podían ser contratados para la película por un precio más que razonable.

    Anthony Perkins alcanzó la cima de su carrera con esta película, que le hizo muy popular. Hasta entonces había trabajado en el teatro en Broadway y desde 1953 había hecho varios papeles en el cine. Psicosis le encasilló y a partir de entonces con frecuencia se le asignaron papeles oscuros y atormentados; eso ocultó el auténtico registro interpretativo de un gran actor. Uno de sus mejores papeles fue el de Joseph K. en El proceso, de Orson Welles (1962). En esta película interpreta a Norman Bates, el extraño propietario del motel; según declaró el actor, disfrutó mucho del rodaje y su relación con el director británico fue excelente, dado que aceptó varias de sus sugerencias, como por ejemplo la costumbre de comer caramelos que tiene el personaje durante toda la película. Sin embargo, fue un doble suyo el que tomó parte en la famosa secuencia de la ducha, ya que en ese momento se encontraba en Broadway preparando una obra de teatro.

    A Janet Leigh esta vez le toca el papel de la víctima, Marion Crane. No estoy descubriendo nada que no sepamos, puesto que no hay secuencia más repetida y vista que la de la ducha. Su filmografía cuenta con títulos tan diversos como Mujercitas, Scaramouche, Los Vikingos, Sed de mal o El mensajero del miedo. Nunca tres minutos de escena han dado tanto de sí. Este papel le reportó a Leigh un Globo de Oro y una nominación al Oscar como mejor actriz secundaria. Dicen que durante mucho tiempo tuvo temor a ducharse sin estar totalmente segura de estar resguardada.

    John Gavin interpreta a Sam Loomis, el amante de Marion, y Vera Miles a su hermana Lila Crane. Y entre el resto de los intérpretes hay que destacar a Martin Balsam, que ejerce de detective Arbogast, y Simon Oakland, el Dr. Fred Richmond; dos actores secundarios imprescindibles en el cine de los cincuenta, sesenta y setenta. Pero sin duda hay un papel importantísimo que no está asociado a una estrella del cine, sino que está interpretado por varios actores, que pusieron su silueta o su voz. Es la madre de Norman Bates, Norma, bueno, o lo que se supone que es...

    La música la pone Bernard Herrmann, habitual en la filmografía de Hitchcock e importantísimo en la creación del clima general de la película, en especial en la escena del asesinato. Resulta curioso que ninguna de sus composiciones para el cine de Hitchcock fuera nominada para un Oscar, nominaciones que sí consiguió con Citizen Kane y Taxi Driver; precisamente murió poco después de terminar la grabación de esta última. Su único Oscar lo ganó con All that money can buy. Podríamos decir que la famosa secuencia de la ducha se apoya, fundamentalmente en la fotografía y el montaje, pero sin la música, sin esa chirriante sección de cuerda imitando los gritos de terror de la víctima, no sería ni la mitad de terrorífica. El próximo año se cumple el centenario de su nacimiento y no está de más reivindicarlo como uno de los más grandes compositores, de los más innovadores y de mayor influencia sobre los músicos de cine actuales.

    La secuencia de la ducha

    Uno de los asuntos más cuestionados es la autoría de tal secuencia. Siempre se ha dicho que era más obra de Saul Bass que de Alfred Hitchcock, cosa que parece ser una leyenda falsa. De Saul Bass he "robado" el estilo de cartelista para componer el cartel del cine-forum de este curso. Soy una gran admiradora de este artista y creador, que se movió con igual éxito y originalidad en el mundo de la publicidad (el logo de AT&T) como en el cine. Admiro sus carteles para cine, Vertigo, The man with the golden arm, Anatomy of a murder, o West Side Story... Imitado, plagiado, homenajeado... Puede verse su huella y su escuela en obras más recientes, como Burn after reading, de los hermanos Coen, Catch me if you can de Steven Spielberg, o ha influido en créditos más 'grunge' como los de Seven. El cartel de la película y los créditos son suyos por derecho, pero Hitchcock defendió que el diseño de la secuencia era suyo, no de Bass.


    Otra leyenda dice que Hitchcock usó agua fría en la ducha para hacer gritar a Janet Leigh, pero la actriz siempre lo negó. Al igual que negó el uso de una doble [actualizando la información después de revisar la entrevista de Truffaut a Hitchcock: sí había una modelo en la secuencia] en esta secuencia que dura tres minutos y tiene cincuenta planos planificados desde más de setenta ángulos distintos (recordemos que a finales de los cincuenta no había la tecnología actual), algunos de ellos cortísimos. Para emular la sangre se utilizó jarabe de chocolate. Igualmente parece ser falsa la idea de que Leigh no estaba informada por completo de la resolución de la secuencia en el asesinato para que su reacción resultara más realista... En fin, lo que hay que destacar es el gran trabajo de edición de George Tomasini, el montador habitual de Hitchcock.

    Como curiosidad, la casa de Norman Bates es un diseño original para el parque californiano Disneyland que fue descartado en su momento. Al director le gustaron los bocetos y los utilizó. Posteriormente se realizó ese diseño para Disneyland París.


    Espero que los alumnos disfruten de esta película y con ella se aficionen al género del suspense, porque en el fondo no puede considerarse ésta una película de terror, sino una historia que te mantiene en tensión y en determinados momentos juega con el miedo. La filmografía de Alfred Hitchcock, tanto la de su etapa británica como la americana, está a nuestro alcance e invito a los alumnos a conocerla porque de una cosa estoy segura y es que tienen garantizado un buen rato de entretenimiento.

    Os dejo unos cuantos enlaces interesantes acerca de lo esbozado en este artículo.

    Youtube: Títulos de crédito iniciales de Saul Bass y la música de Bernard Herrmann
    Psicosis en Wikipedia
    50 aniversario de Psicosis
    Una reseña sobre la película
    Alfred Hitchcock, el mago del suspense
    Filmografía del director en DVD en Universal Pictures
    El cine según Hitchcock, por François Truffaut

    ... y muchas cosas más, pero... ¡pregúntaselas al tío Google!

    Balance de la retrospectiva de Don Siegel

    4
  • 27 septiembre 2010
  • Retroclásica

  • Hagamos balance...

    Don Siegel es un director a reivindicar; es evidente que no es uno de los más difíciles de revisar, ni de los que hay que descubrir. La retrospectiva ha carecido en ese aspecto de la "aventura" de mostrar material difícil de encontrar o en condiciones excepcionales, cosa que sí ha ocurrido en años anteriores como toda la obra alemana de Lubitsch, o directores como Mitchell Leisen o el mismo Henry King. Vamos, que no hemos tenido "joyas" de valor incalculable entre el material.

    En cualquier caso, la revisión de la filmografía del director nos ha reportado grandes momentos y algún que otro descubrimiento (personal). Así, destacaría THE LINE UP como la película para mí inédita que más me ha gustado y que aporta las primeras líneas de definición del thriller según Siegel y el placer de tener a Eli Wallach en un papel protagonista, acostumbrados a verlo siempre de secundario de lujo.

    DIRTY HARRY en pantalla grande y en esa copia digital tan cuidada ha sido algo espectacular, si bien verla en condiciones parecidas ya empieza a estar al alcance de todos en nuestras casas. Disfruté como nadie de la sesión, pero en el fondo sigo apreciando más acumular en la retina films casi inéditos aunque sea en una copia de 16mm sucia y deteriorada. En el fondo, quienes ocupamos las butacas de los cines entramos en ellas como Indiana Jones en una gruta sin importarnos las telarañas y las grietas, en busca de una preciada reliquia. Así, por supuesto, disfruté del corto merecedor de un Óscar, STAR IN THE NIGHT, una bonita historia de nochebuena contada con sentido del humor, muy a lo Frank Capra.

    Contemplar la obra (casi) íntegra de un director permite, también, tener una perspectiva de su evolución y, como tal, de la historia del cine. Cómo puede ser el mismo director el de THE BEGUILDED y SPANISH AFFAIR, me pregunto. Es evidente que ha influido de manera muy diferente en las carreras de Clint Eastwood y Carmen Sevilla (jajajaja). Y nos damos cuenta de que Eastwood es mitad Don Siegel y mitad Sergio Leone. Gran Torino es deudor de Harry Callaham, digamos que es un Harry retirado, quemado y airado.

    Una película diferente y sorprendente es THE BEGUILDED. Su ambiente cerrado, casi claustrofóbico contrasta con el predominio de la acción abierta del resto de su obra. No estamos acostumbrados a ver a un Eastwood tan sumamente acosado (y destinado a ese final). También nos ha hecho disfrutar THE SHOOTIST, una película de corte casi televisivo con un John Wayne crepuscular que concentra en su papel todos los papeles de su vida; ya lo anticipa el comienzo, con retales de personajes de muchas de sus películas clásicas.

    Películas para disfrutar son MADIGAN, ESCAPE FROM ALCATRAZ o TWO MULES FOR SISTER SARA, estas dos últimas muy populares por su difusión por televisión. De MADIGAN me quedo con Henry Fonda, que también aparece en STRANGE ON THE RUN. Creo que hoy hay pocos actores como él, que transmiten serenidad y te los crees. Son, en fin, títulos que para quienes quieran recuperarlos, no son difíciles de localizar en DVD.

    Dicen que se avecinan cambios en este Festival y... todo lo que sea una mejora será bienvenido. Por delante quedan muchos meses y lo que una desea es volver a ocupar una butaca de cine durante nueve días, en busca de un arca perdida: el buen cine. Os dejo con una secuencia de THE LINE UP, protagonizada por Eli Wallach y Robert Keith.

     
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